Hard as Indie: La Red se construye sobre cementerios

BYNICORUIZSoy de esos instagramers que aun confían en petarlo en dicha red algún día. Lo soy porque he conocido personalmente a varios de ellos que desde una posición similar a la mía despegaban hasta poder desarrollarse como profesionales gracias a su impacto en dicha red social. En eso se podrían resumir las redes sociales, en la viralidad y lo explosivo de su funcionamiento, sin memoria ni réditos reales o al menos no una transparencia sobre cómo ciertas estrellas son capaces de convertir los likes en dinero o, dicho en otras palabras: cómo desvirtualizar el éxito.

“El futuro del cine está en el espacio” anunciaba la reseña de El Cosmonauta de la mano de Gregorio Belinchón en Mayo de 2013, un proyecto transmedia que había tardado cuatro años en ver la luz y cuya revolucionaria apuesta por el micromecenazgo como vía de financiación parecía abrir nuevo caminos dentro de la industria cinematográfica española. Cinco años despúes los links en dicho artículo llevan a páginas que no tienen nada que ver con el proyecto, ni tan solo el “Vídeo sobre ‘El cosmonauta’ exclusivo para EL PAÍS” carga en la página, como si de uno de esos negocios abandonados donde solo queda el rótulo se tratara. Ni el olvido conquistó el proyecto…

Ahora Hard as indie hace acopio de material de archivo del proyecto para narrar la odisea que supuso levantar el proyecto, desde los primeros pasos y la inversión de capital en preproducción a su fase de promoción, estreno y posterior desaparición por completo de internet, volviendo a la fórmula de publicar gratuitamente el documental en su web (o a través de Filmin) como eco del proyecto que retrata y que de igual manera ha conseguido una importante repercusión en los medios y las redes sociales, cosechando si bien esta vez elogios y no financiación. Aunque sobre todo lo que parece haber conseguido es cierta sensación de justicia, de justificación.

TWITTERY es que Hard as indie supone la autopsia del proyecto que fue El cosmonauta, permitiendo a todos los que en él participaron mostrar cuáles fueron las causas de su fracaso antes todos aquellos que les confiaron su dinero para un proyecto revolucionario y que, hasta ahora, pocas disculpas habían podido articular. Y si bien la gran mayoría de escritos sobre el documental de Antonio M. Antolín se centran en culpabilizar a Nicolás Alcalá (director de El Cosmonauta) del fracaso del proyecto, volviendo a esa figura tan popular del director tirano que consigue que un rodaje sea un infierno, pero tendréis que disculparme que tras unos cuantos rodajes a mis espaldas ejerciendo toda clase de roles el retrato de los problemas internos de un rodaje me resulte absolutamente anecdótico y tremendamente injusto señalar con el dedo. En cambio, tras el visionado del documental acudí raudo a buscar más información sobre el final del proyecto, encontrando el perfil de twitter oficial del proyecto lleno de lamentaciones de seguidores por dicho final y un enlace a la entonces web oficial que ahora alberga una sobre alimentación, belleza y deporte, por lo que ni el comunicado oficial de la desaparición del proyecto podemos encontrarla en la web en un proyecto que quería ser gratis y accesible para todos.

Se suma que el rodaje de un film independiente no es excesivamente diferente al de un film industrial, y menos en la parte que se retrata en Hard as indie, en cambio sí resulta destacable la vía de financiación y su impacto en la percepción que del proyecto tenía un grupo de personas que jamás habían afrontado un rodaje del tal envergadura, y es en ese choque de lo virtual con lo real donde el documental se convierte en una pieza importante: cuando muestra que lo revolucionario se parecía mucho a lo tradicional. Y es que eso queda claro cuando a la búsqueda de fondos los impulsores de El Cosmonauta se dan cuenta que es a través de su presencia física la que anima a la participación, mucho más que las campañas en la redes, viéndose forzados a promover su proyecto en persona a través de eventos donde, de paso, se ve alimentada su autoestima, sembrando el caos que habría de llegar más tarde. Dicho en otras palabras: quieres cambiar el mundo al primer intento, te dicen que puedes a base de donaciones, pero la revolución no sucede en la entelequia sino desde las trincheras que visitamos por primera vez.

En cierta manera esos tres muchachos que iban a revolucionar el cine me recuerdan a muchos de los que, en su día, quisimos redibujar el panorama de la crítica cinematográfica desde diferentes webs sin mayor impacto que el de acceder a los medios de siempre y, desde allí, persistir en el intento. O quizás sí hubieron cambios difíciles de ver tan pronto y El Cosmonauta resulta en un modelo de producción y distribución generalizado en unos años en un mundo donde quien realmente ha cambiado las reglas de juego es Netflix. Es más, ¿cuánto tardará Netflix en sondear a sus usuarios de cara a elegir qué productos financia? ¿No se alinea El Cosmonauta con ese modelo de servicio a domicilio que se está imponiendo en la industria cinematográfica? ¿No delata Hard as Indie el fracaso de El cosmonauta en la fase de rodaje pero su éxito en otras fases? ¿No denota acaso lo líquido de las redes y su falta de impacto en la calle?

COSMONAUTA
Hemos visto como la abrumadora cantidad de reseñas positivas de una película escasamente sirven para mejorar su distribución y su taquilla, sorprendiéndonos a estas alturas que ciertos films se estrenen directamente en Netflix. ¿O acaso el incidente con el correo electrónico que narra Hard as Indie iba a tener eco en su recepción o más bien potenciaría su difusión siendo precisamente las redes su mayor baza? No, la sentencia definitiva al proyecto no es ni tan solo su mala acogida o las malas críticas sino la falta de liquidez, el vulgar y reaccionario dinero. Y sus consecuencias recuerdan a esas zonas industriales abandonadas en plena recesión, dejando el proyecto toda una serie de links rotos y perfiles desiertos, casi una leyenda creada sobre lo volátil de lo viral cuando creímos que en Internet todo sería eterno, que la red nos haría libres, olvidando que la fiesta no es gratuita, aunque seas indie. Ningún instagramer vive de sus followers.