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Bailar en la era de la edición

UNA CRONOLOGÍA CUALQUIERA

· La música fue antes que la palabra.

· Cuando el lenguaje era un desconocido, los gestos eran significados.

· Cuando los significados eran bellos y líricos, eran tributo a los dioses.

· Cuando los significados adquirieron nuevos sentidos unos con otros, nació la danza.

· Más tarde llegó la música, para escribir la danza.

· Más tarde llegó la palabra, para explicar la música.

· 200 años antes de Los ojos sin rostro, Haydn componía su Sonata para piano n.º 10 en do mayor.

· 200 años antes de La piel que habito, Beethoven componía su Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92.

· El 19 de Septiembre de 1982 Scott Fahlman inventó el emoticono 🙂

· En 2010 Dimitri respondía a todo(s) bailando.

· En 2014 casi cualquier respuesta vía electrónica se reduce a la flamenca de Whatsapp.

· 20XX: El diccionario emoji

MÚSICA

Sonata in C "Allegro" HOB XVI 1 No. 10 by Joseph Haydn on Grooveshark

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7th Symphony, Movement 2 by Beethoven on Grooveshark

+CARA

Soy de ese tipo de gente que canta mientras conduce, de esos a los que parece que la vida le va en ello. rara vez canto para oír mi propia voz, sino que ese arrebato se reduce al trayecto en coche, siempre sincrónico con las canciones que suenan, nunca autónomo, como si ese trabajo por capas fuera absolutamente necesario, como si el acto no tuviera sentido más allá de la máscara, como si Dolly Parton sólo me resultara cercana ralentizada al 50% hasta mutarla en voz de hombre. Y pese a replicar melodía y ritmo, algo se me escapa, algo que me recuerda a una frase que escuché en el museo del rock en Nueva York, que tocar algo de Muddy Waters era fácil, pero que tocar como Muddy Waters era imposible. Ya no se trata de emular sino de sobreescribir, de grafitear, de samplear, de enmascarar.

En Franju la máscara es un parche, un salvoconducto, un término medio bajo el que esconder el desastre, mientras que para Almodóvar esa máscara se incorpora a lo que somos, lo transforma porque no existe vuelta atrás. De la misma manera que hemos de imaginar al interpelado sonriendo cuando nos envía un emoticono, la distancia entre ambos films traza ese trayecto del significante al símbolo, de la palabra al gesto, en un viaje de vuelta expresivo donde las estructuras construidas sirven de escenario para bailes ancestrales. Así, en Los ojos sin rostro, la máscara es castrante mientras que en La piel que habito esa máscara es mutante, versión vs. Remix, revisionismo historiográfico y los flashbacks en Almodóvar.

En Los ojos sin rostro hay una claridad argumental continuista, una máscara que ha de ser temporal y un error a enmendar para volver al pasado: un enunciado y Aristóteles. En La piel que habito, por el contrario, esa vuelta al pasado pasa de puntillas frente a la venganza (articulada en el flashback), formando una amalgama de intereses difusos que funcionan en tanto cómo se narran (de nuevo el ritmo) a la manera en que la simple máscara en el film de Franju se torna un cuerpo real en el film de Almodóvar, así como yo paso a cantarle a la tal Jolene que intenta arrebatarle el marido a Dolly Parton: abstracciones conjugadas, finalmente, en un cuerpo, en una voz.

= BAILE

No es casual que Dimitri fuera ruso, con la importancia cultural que el ballet tiene en Rusia.

Christiane es un alma encerrada en un cuerpo, mientras que Vera es un cuerpo encerrado entre paredes. Ambas sufren, ambas hablan, ambas anhelan, pero mientras la primera porta su máscara como cadenas la segunda usa su cuerpo como catalizador, actúa, marca un ritmo. Si bien una melodía en ausencia de ritmo sería completamente azarosa, el ritmo lejos de la melodía tiene un inequívoco sentido, y así se traza en ambos films y en el desarrollo de sus personajes, donde Christiane merodea el espacio hasta topar con un sentido/oportunidad mientras Vera trabaja por moldear esa melodía ya no habitando un espacio, sino bailando dentro de él, significándolo con su movimiento, algo aún más palpable si atendemos a las bandas sonoras de cada film.

Esa distinción (o prolongación) entre el cuerpo y la mirada no es solo palpable en los encuadres y el guión que habitan Christane y Vera, sino que resulta extensible al resto de personajes. Sirva de ejemplo la presentación de ambos ciéntificos: mientras que al padre de Christiane se le presenta a través de la mirada de la audiencia en su ponencia, al personaje de Antonio Banderas se le presenta directamemente sin mostrar a la audencia. Exactamente lo mismo sucede para Christiane y Vera en lo que respecta a sus presentaciones y el momento del film en el que aparecen, la primera como sujeto pasivo, como melodía, y la segunda como agente activo, como motor, como percusión. Si Los ojos sin rostro es un film que podría comprenderse sin imagen, La piel que habito podría comprenderse sin sonido, pero no quizás sin música, no sin entender que tras la mirada y el gesto viene la danza.

La era de la arqueología ya pasó. Es la era de la edición.

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