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Bárbara vs. Amy

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El artículo fue publicado el 19 de enero de 2015. Guardado en Actualidad. Etiquetas: , , , .

Durante los últimos meses, uno de los cineastas actuales con mejor reputación, David Fincher y otro que comienza su carrera de forma brillante, Carlos Vermut, nos ofrecen dos personajes singulares y muy difíciles de olvidar, se tratan de Amy y Bárbara, protagonistas de Pérdida y Magical Girl, respectivamente.

Por un lado, Bárbara es una mujer desequilibrada mentalmente y chantajeada por otro de los personajes del filme. Por ello, tendrá que volver a su enigmático pasado e introducirse en mortíferos laberintos. Carlos Vermut vuelve a usar la misma fórmula de su ópera prima- Diamond Flash-en su segundo filme: las historias cruzadas y es que al director madrileño le encanta jugar con el tiempo de la narración,  a base de elipsis, nos quita la paja para ir a lo esencial de cada historia.  Pese a que en su primer filme las mujeres ocupasen mayor protagonismo, en Magical Girl, el cineasta vuelve a construir un prototipo de fémina al más estilo amazona, una mujer guerrera que no se doblega por nadie ni por nada; Bárbara volverá a transitar su antiguo mundo en busca de dinero rápido ante la coacción que sufre.

Otra característica de los personajes femeninos de Vermut es que arrastran su pasado hasta su presente, por ejemplo, en Diamond Flash, Violeta y su hija (la cuál es secuestrada) camparten un miedo ilógico a  fotografiarse, sin embargo, el temor se produce por los abusos sexuales que sufrió la madre y que le atormenta en el presente. Un miedo que transmite a la niña y que entorpece la búsqueda policial al no tener ningun retrato de la pequeña. Sin embargo, Vermut sabe como descargar la tensión de los momentos más drámaticos con su característico humor negro, torturas interrumpidas por una flatulencia o niñas que beben gin-tonic, acompañado de un cigarrillo, son algunos de los momentos más originales de sus filmes.

Así mismo, Vermut sabe combinar lo enigmático con lo corriente, por ejemplo, en Magical Girl-mientras Bárbara pide a Ada que le introduzca en peligrosas sesiones de bondage, ésta devora unos churros. La protagonista crea incertidumbre hablando de la sala del lagarto ¿qué habrá tras la puerta? Sin embargo, Ada ha oído hablar de ese lugar en numerosas ocasiones, por ello, ni se estremece ante la suplica de Bárbara.

Por otro lado, Amy es un personaje de una creatividad extraordinaria que permanece atascada en la rutina de la ama de casa y  por ello, buscará  oscuros senderos para explotar su fantasía,  ya en el inicio del filme, su mirada nos inquieta, nos incomoda; en cierta manera,  parece que el personaje quiere leernos la mente. A partir de ahí, Fincher nos introduce en un camino sin retorno. Al igual que el personaje de Michael Douglas en The Game, el público sufrirá y se perderá. Del mismo modo que Amy manipula a su marido y a toda la sociedad norteamericana, Fincher juega con la audiencia.  El gran dominio del lenguaje cinematográfico- por parte del cineasta norteamericano- transformará el personaje de Amy de víctima a verdugo con una delicadeza exquisita ya que el autor nos conduce hasta el punto que quiere sin que seamos casi conscientes.  Pese a su amplia y existosa carrera, el director estadounidense no había construido un personaje femenino tan complejo; meramente había construido féminas en papeles secundarios. Esta vez, es el hombre el que acompaña y ayuda a resolver la trama construida por una mujer. En Perdida, cede parte del protagonismo a una figura muy singular, la cuál comienza siendo una mártir, para pasar a ser la encarnación del diablo.

La psicopatía de ambas está tratado de diferente modo. El humor negro es una de las facetas de Bárbara que nos anticipa el funcionamiento de su mente. Un desequilibrio que se puede relacionar con las cicatrices que abarcan todo su cuerpo, pero tan sólo es una suposición de las tantas que Vermut te invita a imaginar ya que para él, la imaginación del espectador es el elemento más poderoso en una sala de cine. Pese a ello, el público siente más compasión por Bárbara y más miedo por Amy. La primera es chantajeada y brutalmente apaleada. Mientras la segunda es totalmente impredecible y fría, la cuál contrasta bastante con su marido, una figura a momentos ápatica y en otros, afligido ante la situación que está viviendo, sin embargo, se introduce de lleno al juego de Amy, la reta y aparentemente, pierde, aunque Fincher opta por no cerrar la narración, pero si acaba con el mismo primer plano de ella con el cuál comienza. El cineasta decide dejarnos con la escalofriante mirada de la protagonista, unos ojos que permanecerá durante mucho tiempo en la retina de los espectadores.

Igualmente, ambas mujeres dominan y son sometidas sexualmente, tanto Bárbara, como Amy recurren a antiguos amantes para solventar sus conflictos y también, son esclavas de sus deseos más profundos. Bárbara siente una pulsión casi incontrolable al ver la misteriosa sala del largarto, una curiosidad letal. Además, tanto una como otra son personajes solitarios, se comportan como animales salvajes en un mundo contemporáneo. En una de las más impactantes escenas de Pérdida, Amy se convierte en una araña viuda negra y degolla a su amante después de la copulación, obviamente, antes ha realizado todo un entramado para aparecer como la mártir de América ya que los medios parecen más fuertes que cualquier tribunal estadounidense. Los personajes se guían y están influenciados constantemente por la televisión, la imagen mediática se convierte en el pilar de los protagonistas, incluso, Amy chantajea con hundir la reputación pública de su marido si éste no permanece a su lado.

En definitiva, dos figuras muy complejas tanto de construir, como de interpretar.  Las dos actrices- Bárbara Lennie (Bárbara) y Rosamund Pike (Amy)- explotan todo su inmenso talento en ambos filmes, dos diamantes que relucen con luz propia y que darán mucho que hablar en el futuro.  Ambas figuras femeninas son necesarias en el séptimo arte ya que en muchas ocasiones, se representa a la mujer como mero complemento del protagonista barón.  Un sector de los espectadores han llegado a tachar a Perdida de misógina, a mi juicio, es necesaria: la mujer tiene que ser representada como víctima o verdugo, como psicópata o como líderes y no aparecer como una imagen idealizada. Magical Girl y Perdida simbolizan a dos antiheroínas en el mundo contemporáneo, dos féminas que asumen las riendas del protagonismo con gran éxito y por ello, ambas películas se postulan como dos de las mejores películas del 2014.

Ana Martínez

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