Cineuá - Tu revista de cine

Cannes 2014 (6): Notas sobre lo viejo

En el viaje que nos ha traído hasta Cannes, hemos venido hablando ampliamente del cambio que estaba dando Cineúa en su línea editorial. Fue Vicente el que nos advirtió: “No se si os estáis dando cuenta de que en el nuevo Cineuá solo hablamos de festivales”. Dentro de la caravana todos asentimos y guardamos silencio. Pero, ¿por qué? Después de recorrer media Francia dando vueltas a la cuestión, nos quedó una conclusión clara: porque nos colocan en la experiencia del presente de una manera radical. Todos los festivales de cine no trazan horizontes ni planifican un futuro. Viven para el momento, para los pocos días en los que concentrarán todas las miradas sobre ellos. En ese momento nos sacudió la paradoja: en ellos no hay futuro, aunque todas las condiciones que disponen para la gente que congregan posibiliten un mercado para que sus películas se sigan viendo en el futuro.

Esta experiencia es interesante como mecanismo ¿sociológico? No nos gusta la palabra pero nos vale para explicar que pasa dentro de ellos. Un festival es una suma gente más películas. Las películas se pasan para que la gente las compre, las venda o escriba sobre ellas. Es precisamente el tercer elemento del que formamos parte, el que colabora construyendo horizontes de futuro. La crítica escribe para seguir escribiendo en un futuro olvidando lo más interesantes de la experiencia del festival: la grieta, la disyunción, el impasse de la experiencia de un presente deformado bajo la expectativa de la invención de un futuro al que no deberían pertenecer.

Todo esto para intentar explicar todas las hostias que le van a caer a Bertrand Bonello por haber construido una película que se sitúa radicalmente en el presente, pese a  tomar algunos años de la vida del famoso diseñador de moda Yves Saint Laurent. Todas las que hostias que le caerán por Saint Laurent, tendrán que ver con el hecho de su estructura de biopic, con una narración cronológica y su tono eminentemente pop. Todas llegarán porque se ha alejado de los códigos autorales y el corte existencial que había mantenido en todos sus trabajos hasta Casa de tolerancia (2011). Porque todo parece ser algo más cercano a un film de Sofia Coppola que a uno de Philippe Garrel. Pero todo sigue esto ahí, sobre todo el trabajo actoral alrededor de las musas que le sirvieron de inspiración. Es decir sobre el trabajo alrededor de la relación de los modelos enfrentados, a la manera de Cindy, this doll in mine. Al juego de imágenes opuestas pero semejantes, que se encaran arrastrandolas a la ruina. Pero esa ruina, que es la ruina existencial de todos los personajes que pueblan su filmografía, es la que permite introducir una novedad en el presente. Porque el gran tema de Saint Laurent es la búsqueda de lo nuevo en el juego de diferencias entre personajes al que empuja el contexto de la moda. Porque la moda, no lo olvidemos, es la manera más radical de introducir algo nuevo en el presente, aunque sea de manera efímera. Pero el interés de esta moda emerge del hecho de que para constituirse como moda tiene que llegar guardarse en la memoria colectiva.

Lo nuevo que Bonello busca en Saint Laurent se distingue de lo simplemente diferente en el hecho de que lo sitúa en una relación con lo valioso o con lo antiguo conservado en la memoria de la sociedad. Es decir, con la biografía del diseñador, accesible para cualquiera a través de google, y para la memoria colectiva de esa Francia preocupada con la cultura. Esta operación ofrece la oportunidad a lo nuevo de que se lo acoja en la memoria histórica socialmente garantizada. Lo nuevo es un fenómeno cultural-económico, y por eso no puede descansar en la memoria y en la facultad de discernimiento individuales. Lo nuevo de Bonello, como apuntaría Borys Groys «solo es nuevo cuando no solo es nuevo para una determinada conciencia individual, sino cuando es nuevo en relación con los archivos de la cultura. A esa memoria histórica no solo tiene acceso el autor, sino también, en la misma medida, su crítico. Por eso, lo nuevo, puede juzgarse individualmente y, al mismo tiempo, puede mantenerse sobre él una discusión pública».

Lo nuevo que propone Bonello pretende escapar a la lógica del futuro: a la utopía, a la esperanza en un nuevo comienzo histórico o a la transformación radical de las condiciones existenciales del hombre.

Lo nuevo que propone Bonello no se diferencia de lo nuevo de sus anteriores trabajos.

Lo nuevo de Bonello es nuevo.

Por todo esto, Saint Laurent me parece una obra maestra.

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