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El carnaval de las almas: La película que se negó a morir

En efecto, tal y como publicó una revista especializada a mediados de los años 80, diríase que El carnaval de las almas[i] es una película que se negó a morir. Realizada a principios de los años 60, su existencia fue ignorada por doquier, excepto entre un reducido número de estudiosos y afortunados que lograron verla en su momento en salas de estreno. No fue hasta dos décadas más tarde que se recuperó la película para un festival de cine fantástico en Estados Unidos, cuando el film empezó a ganarse merecidamente la reputación que hoy tiene, la de un clásico de la serie B (o más bien C) que posiblemente haya influido notablemente en el moderno cine fantástico, ya que fue programada por televisión alguna que otra vez durante los años 70, ganándose a cada pase un mayor número de fans, entre los que estaban George A. Romero y David Lynch, según ellos mismos han confesado.

Su argumento es simple: un grupo de chicas en coche se precipita desde un puente al río Kansas. Inexplicablemente, tras horas de búsqueda y rastreo sin éxito por parte de las autoridades, una de las tres jóvenes emerge del río. No recuerda nada del accidente ni donde ha estado desde que cayeron al río. Poco a poco su vida vuelve a la normalidad, encontrando trabajo en un pueblo cercano como organista de la parroquia local. A partir de ahí no cesará de tener unas visiones extrañas en las que un siniestro hombre vestido de negro parece acecharla.

Realizada por un equipo técnico que hasta entonces se había dedicado a la confección de mediometrajes publicitarios (esta sería la única película de ficción de su realizador) y con un presupuesto de poco más de 30.000 dólares, su visionado hoy sigue siendo sorprendente. Sorprendente por su argumento netamente fantástico, pero sin nada que ver con los clichés de las viejas casas encantadas o castillos lúgubres. Por el contrario, estamos ante una película urbana y moderna, cuya acción transcurre a plena luz del día en las calles de la ciudad, en unos grandes almacenes, en una gasolinera, una pensión, escenarios cotidianos que en principio no tienen nada de amenazante. En principio. Aquí es donde se refleja con más claridad la influencia que puede haber tenido el film en Lynch, además de en su ambigua resolución final, pues parece ser que las extrañas apariciones que se manifiestan a la protagonista son seres del más allá que la reclaman en su mundo, burlado por ella en una especie de “desdoblamiento” que ha experimentado a raíz del accidente al inicio de la película. No se nos explica por qué ha ocurrido esto, simplemente se nos muestra, no facilitando el final ninguna explicación al espectador ni al resto de personajes (insisto en la importancia de esta ambigüedad, ya que quizás para el espectador actual la película sea perfectamente comprensible, pero no está de más recordar que hasta la mismísima Psicosis necesitó de 5 minutos finales de explicación mediante el diálogo).

No se trata tampoco de situar la película en lo más alto de la Historia del Cine. Lógicamente, esta modesta película acerca de “ la chica que se negó a morir” contiene fallos propios de la impericia de su debutante realizador, como aquellos planos en los que el fantasma aparece muy cercano a cámara sin intervenir el punto de vista de la chica, lo que le resta misterio al “personaje desconocido” (interpretado por cierto por el mismo Herk Harvey), aunque a su vez podría resultar beneficioso de cara a una explicación enteramente sobrenatural de lo que se nos está contando; es decir, no es un sueño de la protagonista, los fantasmas existen independientemente de ella. Así, un error deviene una virtud (y se cumple la máxima “la película es más inteligente que su creador”) apostando por la pura y neta fantasía. Por ello encontramos aquí un precedente de futuros logros en el campo del cine fantástico, de El resplandor a Carretera perdida, pasando por Phantasma y otras muchas. Películas todas ellas más modernas que hicieron hincapié en el “hecho fantástico” por encima de mantener una rígida coherencia en sus guiones, y que hoy en día echamos más que nunca en falta, en un género en decadencia que opta o bien por el refrito o bien por la presunta dignificación del terror en aras de una impostada “ambigüedad elegante”.

Para acabar, decir a aquellos que no la hayan visto que la vean (existe una buena edición en DVD) y a los que la hayan visto, que hablen de ella, a ver si entre todos sacamos la película del fondo del río al que pareció caer tras su estreno, de todas formas apuesto a que en los libros especializados que se publiquen sobre la Historia del género en los años venideros, se empezará a tener bastante más en cuenta.

 


[i] Carnival of souls, Herk Harvey, 1962.

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