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El crepúsculo de los dioses: muerde la mano que le da de comer

Yo soy grande. Son las películas las que son pequeñas.
Norma Desmond

 

En un lugar privilegiado de Sunset Boulevard, una mansión estancada en los años veinte, lujosa y sepulcral, guarda los días decadentes en una diva olvidada del cine mudo, Norma Desmond (Gloria Swanson). Allí, conservada en naftalina, Norma consigue sobrevivir al olvido gracias a su inestable salud mental y a un sueño irreal fabricado por su fiel criado Max (Erich Von Stroheim), exmarido y primer director que la descubriera en su juventud, quien sigue enviándole cada día cartas de admiradores secretos con el único fin de abrillantar el destello en una estrella que desapareció hace ya algunos años. Más que un hogar, el antiguo caserón se asemeja a un santuario dedicado por entero a los tiempos gloriosos del pasado, tiempos de gloria para Norma (y Gloria), tiempos de gloria para el cine en definitiva. Paredes repletas de fotografías artísticas, carteles de películas antiguas, música clásica de piano y hasta una sala privada de cine donde sólo se proyectan sus mejores películas. Hasta este paisaje desolador, donde el tiempo no avanza, llega el difunto narrador de la historia, el fracasado guionista Joe Gillis (William Holden) que, para solucionar su pésima situación económica y alcanzar el nivel de vida soñado, se prostituirá como “chico de compañía” para Norma.

Gillis comienza a trabajar para Norma, en todos los sentidos. Comienza a rescribir un disparatado guión que ella quiere llevar al cine y que supondría su glorioso retorno a la gran pantalla, además convive con ella y es su compañía perfecta. Pero por las noches, Gillis se fuga del caserón y se encuentra con la joven Betty (Nancy Olson), con quien trabaja en un guión que verdaderamente le entusiasma. Betty es una joven escritora que sueña con llevar su primer guión al cine y para conseguirlo es capaz de cualquier cosa con tal de que Gillis le ayude, hasta de enamorarse de él. Betty, en definitiva, es un ejemplo parecido a Gillis pero más suavizado. Mientras estas dos historias se suceden Norma sigue feliz, engañada o engañándose en ese mundo irreal, y jugando a las cartas con sus también olvidados amigos. En esta memorable escena comparten mesa de juego Buster Keaton, H.B. Warner y Anna Q. Nilsson y es un claro tributo al cine mudo ya que las miradas juegan aquí el papel más importante. Más adelante y en una escena en mi opinión definitiva, Norma, Max y Gillis llevan el guión a los estudios para entregarlo a Cecil B. de Mille quien lo desecha al instante como hace con la propia Norma Desmond o, lo que es lo mismo, con la que fue su mayor estrella en sus películas.


Billy Wilder no nos enseña a un guionista fracasado, ni lo que es capaz una persona para conseguir lo que quiere. Tampoco nos está demostrando lo que una jovencita escritora puede llegar a hacer para llevar uno de sus guiones a la pantalla, ni lo despiadado que era Cecil B. De Mille, ni el amor ciego del mayordomo Max hacia Norma. Wilder nos está mostrando en la imagen de Gillis (y de Betty) la prostitución del cine, la decadencia de la industria y a sus víctimas. Precisamente una de ellas en la realidad es la protagonista de su película, Gloria Swanson. Tampoco es casual la escena de los estudios con De Mille, pues así son los estudios y así maltratan a las estrellas que, en definitiva, los engrandecieron hasta llegar a ser lo que eran entonces, lo que son hoy. En resumen ¿Qué es el cine? El cine es Joe Gillis y acaba muerto en la piscina de la mansión de Norma, asesinado por la espalda. El cine es Norma Desmond, que acaba asesinando a su amante en un ataque de locura. El cine es Max el mayordomo, que intenta capturar el tiempo para que no avance, al menos, en el mundo de su amada y atesoras así un pasado que fue mejor. Billy Wilder realiza con El crepúsculo de los dioses[i] una aguda crítica de la industria en la que trabaja por lo que Louis B. Mayer afirmó al ver la película: “¡Ese Wilder! Muerde la mano que le da de comer”. Arriesgada intención la de Billy Wilder y, en mi opinión, obra crítica imprescindible de rabiosa actualidad.

 


[i] Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950.

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