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El Respeto (Vol. 2)

Detalles

El artículo fue publicado el 12 de enero de 2015. Guardado en Actualidad. Etiquetas: , , .

TOP TEN 2014

1.- The grandmaster (montaje chino) (Wong Kar-Wai) / Exodus (Ridley Scott) / Nous sommes tous encore ici (Anne-Marie Miéville)
2.- Mommy (Xavier Dolan) / The Monuments Men (George Clooney) / El dilema (Michael Mann)
3.- The tale of princess Kaguya (Isao Takahata) / Transcendence (Wally Pfister) / Un été brûlant (Philippe Garrel)
4.- Our Sunhi (Hong Sang-soo) / Interstellar (Christopher Nolan) / IA (Steven Spielberg)
5.- Història de la meva mort (Albert Serra) / Foxcatcher (Bennett Miller) / La tumba india (Fritz Lang)
6.- Stray dogs (Tsai Ming-liang) / Infiltrados en la universidad (Philip Lord, Chris Miller) / Moses und Aron (Danièle Huillet, Jean-Marie Straub)
7.- Saint Laurent (Bertrand Bonello) / Transformers: La era de la extinción (Michael Bay) / Corrupción en Miami (Michael Mann)
8.- Still the water (Naomi Kawase) / Líbranos del mal (Scott Derrickson) / Hawaii (Marco Berger)
9.- It follows (David Robert Mitchell) / The equalizer (Antoine Fuqua) / Numéro deux (Jean-Luc Godard)
10.- La isla mínima (Alberto Rodríguez) / Perdida (David Fincher) / Le Havre (Aki Kaurismäki)

Son días extraños para los vivos. El año pasado, desde la noche de San Valentín, como si de un slasher de segunda o tercera se tratara, he tomado consciencia de que en verdad algún día moriré, y es raro el día en que no reflexiono sobre ello en algún instante u otro. El año ha pasado, pero lejos de dejar atrás funestos pensamientos, un atajo de pirados nos recuerda, como si de un Nolan de segunda o tercera se tratara, que no estaremos seguros, que nuestros justos pagaremos por nuestros pecadores. El pasado ha año, y la muerte es al mismo tiempo íntima y geopolítica, económica y social, y reconozco que ayer lo pasé fatal cuando, tras ver de buena mañana Mujer en la playa (Haebyeonui yeoin, Hong Sang-soo, 2006) por primera vez, encendí el televisor y me encontré con una de Melville en la Picardía francesa mientras perseguían a los dos hermanos terroristas. Pero no era una de Melville, porque Melville también está muerto, era la fétida realidad, con todo su hedor a cadáver y humo, a despacho y corbata, a bombazo y holocausto. Me refugié entonces en Melville, aquella niebla y aquella vasta campiña me llevaron a El círculo rojo (Le cercle rouge, Jean-Pierre Melville, 1970), y de ahí podríamos saltar a Johnnie To o a Volonté, Montand o Bourvil, que también están todos muertos. Yo prefiero quedarme sin ninguna duda con To, con El círculo rojo y con Hong Sang-soo, quizá uno de los hombres que, en toda la Historia, mejor ha sabido retratar los fantásticos secretos cósmicos que encierra el desperdicio del tiempo. Desde Cineuá, os regalo vuestros apestosos conflictos de intereses, vuestros debates estériles, vuestras burlas y vuestro desprecio, vuestro vídeo de una ejecución repugnante. Esas no son mis imágenes, nunca lo van a ser, nunca las voy a ver, malditos esclavos del ya.

Siento que lo bueno de tomar en consideración a la muerte como una posibilidad segura en el largo plazo y posible en el corto es lo mucho que a uno se le amplía la noción de existencia, de lo acontecido, lo vivido y lo desconocido. Y si tomamos al cine como refugio tangible y paralelo, cerrado e impermeable, casi sagrado hasta para el más convencido ateo, de la enorme sarta de estupideces dictadas por las sacudidas de los borregos que tiran de este carro a medio hacer llamado siglo XXI, podemos llegar a convenir que no hay nada más coherente que llevar a cabo la construcción de dicho refugio con materiales sólidos, que soporten bien los envites que desde muchos frentes deberá soportar. Es por este motivo que he decidido dar un repaso al cine visto en 2014 desde la convicción que el mero listado no únicamente no lleva a ninguna parte más que a dar carpetazo al hoyo (¿quién recuerda a Kechiche, Haneke, Hooper o Hazanavicius?) para poder comerse a gusto el bollo,  sino que nos deja desprotegidos cultural e íntimamente ante el previsible acribillamiento cinematográfico que deberemos soportar a partir de cada 1 de enero y durante 365 días, en cada uno de los cuales no faltará el detestable tiroteo entre facciones que compiten por dar caza antes que el resto a ese film que será el rey indiscutible de los listados de 2015.

A mi entender o, mejor dicho, a mi vivir, un listado de películas bien estructurado debe girar alrededor de tres ejes, que son los tres ejes sobre los que se mueve mi vida cinematográfica anual actualmente: los films, estrenados o no, de escaso alcance comercial, los estrenos comerciales (Hollywood), y el cine de años pasados que veo en formato doméstico. Entiendo que mi refugio cinematográfico, mi top 10, debe protegerse de una realidad que aguarda fuera de él, por lo que también debe estar infiltrado por ella, de ahí que haya dos ejes diferenciados por lo económico y otro que se sustente en lo íntimo según las infinitas posibilidades y visionados que uno puede acometer a lo largo de un año en la interconectada tranquilidad de su domicilio. O, dicho de otro modo, el oficio (festivales), el dinero (salas comerciales), su evasión (Blu-ray, DVD, descargas). A partir de ahí, una vez formada la estructura, es cuestión de ir conectando películas en grupos de 3, una por cada eje del listado, según algún hilo, a veces evidente, a veces totalmente intuitivo y misterioso, que las una de tal forma que, cuando vuelva a alguna de ellas, sus dos compañeras ya sean inseparables. Así, no tengo duda que la primera posición viene motivada, como casi no podía ser de otra forma dada la esencia del listado, por diversos tratamientos de la Historia, lo ya acaecido, a las antípodas unos de otros: la furiosa y silente tristeza por el paso del tiempo de Wong, la superproducción fastuosamente cruda de Scott, el remake en directo de Miéville. También me es clarísima la conexión entre Saint Laurent, Transformers 4 y Corrupción en Miami: tres cintas gigantescas, descomunales en cuanto a dimensión y volumen, épicas y cojas al mismo tiempo, muy salvajes, urgentes. O la sexta posición, un trío sustentado en las estructuras episódicas (a modo de gags o sketches) que poseen sus tres integrantes. Sin embargo, no termino de entender qué conecta a Dolan, Clooney y al Mann de El dilema: ¿quizá el acercamiento cómplice a sus personajes, gente normal en situaciones de gran presión?, ¿quizá el formato radical de los tres films, de lo anticuado a los albores de lo digital y el metamórfico más allá? La extrañeza también me invade ahora cuando miro al número 9: ¿It follows, The equalizer y Numéro deux? ¿Perdón? ¿Lo invisible como motor del cine? ¿Una cierta inexorabilidad que comparten las tres cintas?

Podría seguir divagando, pero eso corresponde al reino del pensamiento, y hoy es más claro que nunca que cada uno tiene el suyo. En cambio, yo en 2014 he construido un refugio, y ahora ya es momento de que quien quiera pueda entrar a visitarlo. Recordad que aquí todos estamos de pas(e)o.

SergiFabregat

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