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En contra de la defensa del estreno de Adieu au langage en 2D

Información

Título original: Adieu au langage
Director: Jean-Luc Godard
Año: 2014
Reparto: Héloise Godet, Zoe Bruneau, Kamel Abdelli, Richard Chevalier, Jessica Erickson, Alexandre Païta, Dimitri Basil

Detalles

El artículo fue publicado el 18 de diciembre de 2014. Guardado en Actualidad. Etiquetas: , , .

 

Estimado Vicente,

Me gustaría hacer un par de reflexiones a partir de tu defensa del estreno en 2D de Adiós al Lenguaje, porque creo que la historia no es bien conocida por todos.

Para empezar creo que es necesario puntualizar que la distribuidora no es la culpable del este cambio de formato en el estreno, sino los exhibidores, los cines donde va a ser proyectada. Te copio parte de la nota de prensa ofrecida por Vertigo: “debido al rechazo de los exhibidores a proyectar la película en su formato original 3D, nos vemos obligados a presentar la película en 2D».

Básicamente, cualquiera que le interese el “Cine de Autor” sabe que las salas donde se pasan las películas de la etiqueta son una puta mierda, no están actualizadas a los tiempos en los que viven. Pienso a la que acudo todos los lunes: ha mantenido su decoración, su pequeña pantalla, sus butacas y su equipo de sonido durante todo el tiempo que llevo viendo películas. Solamente ha cambiado la máquina 35mm por una digital bastante normalita. Y aunque está equipada con 3D, este es de andar por casa, incómodo, que te deja bizco, pero que sobre todo que marea si hay que leer subtítulos. Pienso en otras de ciudades cercanas, y a muchas todavía ni ha llegado el 3D.  Sin duda, el cine de calidad se sigue pasando en salas como de los años 60, de aquellas que se conocieron como de arte y ensayo. Resumiendo: ¿quién va a pagar por ver y escuchar mal una película? ¿Cómo se va arriesgar una distribuidora a traer al día los títulos que aparecen en los festivales si a las salas van a ir las mismas personas que cuando las lanzan un año después? Por lo menos se ahorran una pasta en los derechos… Hay que ser muy fan, o tener un aguante a prueba de bombas para ir a ver una “película de autor” al cine.

Volviendo a Adiós al lenguaje: que no se haya respetado la manera en que Godard concibió su película ha sido un motivo de celebración total para mí. Nunca antes hemos estado tan cerca de su cine ya que este gesto profanador se equipara íntimamente con el que Godard despliega en cada uno de sus trabajos (no solo a partir de Histoire(s) du cinéma ) con la Historia, las imágenes, las palabras, etc. Por eso, y aunque estoy de acuerdo en que la veneración del autor es propio de cotillas, y que además es ridículo acercarse una película a través de su figura, creo que al contrario de lo que piensas, la distribuidora ha conseguido reforzar su figura como autor. Porque, en realidad, pasando por alto la voluntad de Godard acerca de la proyección de la película han cumplido con la voluntad de Godard sobre el uso de las imágenes que ha puesto en práctica a lo largo de toda su filmografía.

Pero vayamos ya a uno de los puntos más interesante de todo este affaire: el valor de las imágenes. No puedo estar de acuerdo con tu afirmación de que “nadie es dueño de las imágenes. Su verdadero valor es algo que nadie puede controlar” porque, en primer lugar, las imágenes, como mercancía que son, no disponen de un único valor: presentan uno de uso y otro de cambio. El de uso lo hemos conquistado todos los hijos de la cultura 2.0 que miramos, escribimos o frameamos alegremente a través de la red, sin mediación de una cantidad económica alguna. Somos libres para usar las imágenes a nuestro gusto. El de cambio pertenece a todas las partes implicadas en la dominación todo este mundillo del cine (Los exhibidores, los distribuidores, los festivales) pero también los espectadores que acuden a una sala y pagan para ver una película, así como la casta crítica que recibe una remuneración de un medio que se financia con la publicidad de las distribuidoras y los festivales. El dinero les confiere a ellos unas obligaciones sobre las películas con las que entran en relación. Por el contrario, los hijos de la cultura 2.0 solamente contamos derechos sobre las imágenes. Podemos hacer los que nos dé la gana con ellas, pero a cambio no disponemos de ninguna obligación sobre ellas.

Un derecho es «lo que está conforme a la regla, a la ley, a la norma». Por el contrario, una obligación es una relación jurídica por la cual dos partes quedan ligadas. Alguien que posee un derecho no puede poseer aquella ley que se le otorga. Por lo tanto, disponer de derechos sobre las imágenes no otorga una capacidad de posesión, de control sobre ellas. Solamente a través de las obligaciones se puede llegar a controlar una imagen porque llevan implícitas la edificación de una relación entre el espectador y su objeto.

Entonces, ¿por qué Godard no se cansa de repetir que no tiene derechos, solo obligaciones?

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