Cineuá - Tu revista de cine

En defensa del estreno de Adieu au langage en 2D

Información

Título original: Adieu au langage
Director: Jean-Luc Godard
Año: 2014
Reparto: Héloise Godet, Zoe Bruneau, Kamel Abdelli, Richard Chevalier, Jessica Erickson, Alexandre Païta, Dimitri Basil

Detalles

El artículo fue publicado el 17 de diciembre de 2014. Guardado en Actualidad. Etiquetas: , , .

 

El poema es de quien lo lee.

AUGUSTO SONRICS

 
La historia es bien conocida: se estrena en España Adieu au langage (Jean-Luc Godard, 2014). La película está grabada en 3D (un portentoso 3D según dicen; yo no he podido verlo todavía). Pero las distribuidoras españolas se niegan a estrenarla en este formato y las copias que se muestran en nuestro país son en 2D. La cinefilia entra en cólera. Se habla de distribuidores que cercenan la obra original, que no la respetan, que la violan como si una película fuera un cuerpo. Unánimemente y sin necesidad de razonarlo, se considera una especie de crimen contra el cine que la voluntad creativa del autor sea contrariada.

Se puede sacar una conclusión del hecho de que nadie se haya parado a reflexionar sobre la extraña posibilidad de este estreno, de esta forma: hace muchos años que la figura del “autor” se ha alzado, triunfal, con la verdadera corona del cine. Quizás porque el cine se ha convertido, como hubiera dicho Sontag, en un comentario filmado sobre cine. El cine ha muerto pero el autor ha ocupado su lugar.

Esta veneración del autor y su voluntad (de lo que el autor “pretendía” cuando hizo la película) es muy cómoda para el cinéfilo. Basta con creer comprender al autor (que por supuesto es una entidad mucho más simple y poco interesante que las imágenes que genera) para creer comprender el cine. De otro modo no se explicaría la consagración de un Tarantino, un Almodóvar, un Haneke, un Straub o un Godard, por encima incluso de sus obras. En todos los casos, la presencia del autor prima sobre el verdadero valor de su producción. Estamos más obsesionados por establecer la coherencia del cineasta que por dar sentido a sus imágenes.

De ahí nace la gran mayoría de los errores en el análisis del cine de nuestro tiempo: de la obsesión por tratar de entender lo que el autor piensa de su propia película. Por tratar de recomponer sus intenciones, como si fuera posible o siquiera deseable meternos en el cuerpo del autor. Somos espectadores extraños: por algún motivo nos interesa descubrir si el autor es machista, nazi, egocéntrico o ecologista. Quizás porque es más fácil tratar de comprender a una persona que a una imagen, cuya constitución física es muy distinta a la nuestra. Porque a las imágenes (a las verdaderas imágenes) nunca las vamos a comprender. No es necesario. Así dejamos de ser críticos para convertirnos en cotillas; cambiamos la reflexión por el juicio de valor personal.

Pero es muy prepotente pensar que un director, brillante o estúpido, es capaz de controlar la potencia de sus propias imágenes, que son elementos patéticos y simbólicos, generativos y de un tiempo que no es el nuestro. Las imágenes, como dispositivo en gran medida independiente de quien lo produce, no comparten con su autor ni intenciones políticas, ni morales, ni ideológicas.

La voluntad del autor es una; las miradas son muchas. Las imágenes son de quien las mira. También del momento y el lugar en que las mira y de la forma en que lo hace. Cada imagen son cientos de miradas cruzándose con ella. Las circunstancias del espectador frente a la imagen establecen un sentido, una dirección que es mucho más importante que su significado original. Por eso el cine importa: porque es nuestro, y nunca de su autor. Tratar de reconstruir la voluntad de quien filmó la obra, las circunstancias de su emergencia, es una labor inútil.

Las imágenes cambian, crecen, se afirman y se niegan en ciclos vitales que nada tienen que ver con los nuestros. Por eso me parece bellísimo que Adieu au langage, una de las películas más importantes de la Historia del cine, poética del director más importante de la Historia del cine, se estrene en 2D en contra de la voluntad original de su autor: no porque la considere mejor en este formato (seguramente no sea así) sino por una razón más sencilla: este caso demuestra que nadie es dueño de las imágenes. Su verdadero valor es algo que nadie puede controlar. Incluso por encima de Godard hay algo: las imágenes, tal y como existen.

Vicente Monroy

Los comentarios están cerrados.