Cineuá - Tu revista de cine

Fail harder

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El artículo fue publicado el 8 de enero de 2015. Guardado en Actualidad. Etiquetas: , , .

Es innegable que 2014 ha sido un año difícil para Cineuá, un año de reflexión y redefinición en la sombra mientras seguíamos dando la cara ante el lector, con la urgencia que nos marca hoy un olvido cada vez más acelerado, necesariamente cruel. Podría decirse que hemos fracasado este 2014, como lo hicimos en todos y cada uno de los años de vida de esta publicación que jamás ha ido más allá de vestir números discretos en cuanto a visitas y eco, que cada año ha visto mutar las firmas que pueblan sus filas. Quizás sea la sensación de ir a la deriva, o el mercantilista concepto que tenemos del impacto en lo que a artículos se refiere, pero ni siquiera el núcleo duro de la revista hemos considerado jamás haber tenido éxito, haber llegado a dónde queríamos llegar, si es que alguna vez lo supimos.

Fracasamos en 2010 cuando quisimos proponer un acercamiento visual coherente para hablar de La red social (The social network, David Fincher, 2010), ir más allá del collage y reivindicar la creciente figura de los bloggers dentro de la crítica cinematográfica. Poco o nada hemos podido ver, cuatro años después, de acercamiento parecidos cuando de hablar de una película se trata, más allá de juntar frames e hilarlos con frases, salvo quizás la reseña de Open Windows (Nacho Vigalondo, 2014) que publicó Cinemaadhoc. Se ha estandarizado el uso de las imágenes en las reseñas, se ha vuelto a 2008, al capitalismo salvaje, a modelos añejos y herméticos que poco espacio dejan a cuestionarse qué hacemos con las imágenes.

Fracasamos en 2011 cuando no hablamos de El árbol de la vida (The tree of life, Terrence Malick, 2011) (salvo Sergi desde Cannes) hasta 2012, cuando se supone que ya estaba todo dicho. Esa crítica fue la única crítica interactiva que mi ignorancia me ha permitido ver desde que escribo sobre cine, y no sólo supuso redactar un texto y componer un collage, sino aprender Flash para integrar todos sus elementos. APRENDER otro lenguaje para hablar de cine más allá de las palabras, ir un paso más allá como deber para con la era multimedia y el lector contemporáneo, asumir que aún no hemos conseguido nada. Por supuesto volvimos a fracasar y desde entonces toda técnica usada en la cinefilia escrita no ha ido más allá de usar Paint o aprender cómo capturar pantallazos de una película o crear un gif animado con el que, de nuevo, crear una amalgama de imágenes hiladas con texto. La imaginación es mera combinatoria.

Fracasamos en 2012 cuando cubrimos un festival como Márgenes en un único artículo coral cuyos textos venían vestidos de collage, asumiendo esa identidad de clase frente a las imágenes, alejándonos de la individualidad impostada de, de nuevo, productores de Top Tens calcados. Fracasamos también al parir un videoensayo que quiso ser videoclip, con los redactores recreando sus películas, dubstep y ciertas consignas que han poblado nuestra web. Fracasamos también en 2012 bajo ese sello que se hizo llamar nueva crítica que, por unos meses, quiso ser un amago de revolución en la cinefilia escrita y acabó meramente englobando medios digitales. Desde entonces los textos corales no han dejado de ser bloques hilados de alguna manera e integrados en la nada, como si la palabra en JPG no existiera, de la misma manera que no existe videoensayo más allá de los cánones marcados desde entonces, centrados en montaje y comparación, en dualidades. Las etiquetas tienden a mainstreamizarse, a ser reconocibles y accesibles, a aglutinar firmas, a asfixiar la creatividad.

Top10

Fracasamos en 2013 cuando publicamos Canción para los hombres del futuro y las cuatro piezas de las que se compone de crí(p)tica, cuando decidimos cubrir el Atlantida Film Fest y, de nuevo, Márgenes exclusivamente con vídeos, y cuando afrontamos To The Wonder (Terrence Malick, 2012) desde, de nuevo, la firma coral pero abandonando cualquier tipo de estructura o autoría. Volvimos a escapar de las etiquetas y volvimos a equivocarnos, volvimos a toparnos con redactores que no sabían si podrían adaptarse a nuestra manera de hacer, volvimos a intentar erosionar fronteras y pasamos a ser cine. También nos cagamos en la organización del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, pero sólo computaban las críticas en forma de palabras, igual que nos reímos de los recopilatorios anuales y no se entendió la ironía. La estridencia venció al talento mientras perdíamos un tren que quizás nunca quisimos coger.

Y hemos vuelto a fracasar este año con una cobertura semifake de Cannes y una entrevista a Godard que poco importa cuánto de real tiene, así como otra cobertura disfrazada de relato para acercarnos a Sitges. Hemos abandonado casi por completo el dedicar textos enteros a una sola película para pasar a hablar más de cine e imagen, a ser más generales en la era de los hashtags, a limpiar de parafernalia los textos en plena efervescencia de la maquetación estridente y, claro está, fracasamos. Como fracasamos con nuestro especial Somos Cine donde, además de textos, hemos tenido piezas audiovisuales y musicales, o cuando hemos vuelto a cantar y a dejar al lector interactuar con el texto. Resulta difícil valorar si antes no se es capaz de poner nombre, como difícil resultar reclamo para un click sin etiqueta que sirva de gancho, sin gritar ni insistir, sin estrategia de márteking.

Por todo esto volveremos a equivocarnos este 2015, con más ganas que nunca, porque el éxito es la primera letra de todo epitafio.

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