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Malditos Bastardos: la brutal honestidad de Tarantino

Información

Título original: Inglourious Basterds
Director: Quentin Tarantino
Año: 2009
Reparto: Brad Pitt, Diane Kruger, Christoph Waltz, Daniel Brühl, Mélanie Laurent, Eli Roth, Michael Fassbender

Detalles

El artículo fue publicado el 12 de marzo de 2010. Guardado en Calidoscopio. Etiquetas: , , , .

Tarantino ha muerto. ¡Larga vida a la nueva carne! Y la sala aplaude el funeral como si de una bienvenida se tratara, cuando a Tarantino ya no lo conocemos por el traje, sino por su firma. Diez años enfrentándose a un guión acaban por desnudar al autor de la marca que viste, retándolo a ser más que un cool iconoclasta protegido por su público, invitándole a asumir el reto de ser tan grande como los directores a los que plagia. Ahí es donde Tarantino se enfunda el mono de obrero, se confiesa cinéfilo a prueba de muerte, agacha la cabeza y asume que el bastardo es él… el maldito hijo bastardo de De Palma, Hitchcock, Miike, Chan-wook, Leone, Hawks, Sturges, Wilder, Scorsese, etc.

Capitulo 1: Ego y talento

Tarantino se muestra seguro, firme, y rueda una de las mejores escenas de su carrera. La música y la fotografía nos sitúan en un western, mientras la estética habla de la segunda guerra mundial. El duelo de pistolas no tendría sentido así que la tensión previa se alarga durante más de 10 minutos de conversación, el arma más conocida de Tarantino. No tiene prisa, sabe que su público ha esperado este film como agua de mayo, sustituye al esperado Brad Pitt por una interminable conversación y se carga esa regla no escrita de que las mejores presentaciones son las cortas y concisas. Tarantino cuida el personaje de Landa porque se identifica con él, seguro de su talento, engreído, jugando con sus interlocutores. Pero esta vez los diálogos pasan a ser más semilla que fruto, aunándose a lo que vemos, dando paso a algo mucho más importante: la intención.

Entonces se acaba el juego, las cartas están boca arriba, los vasos vacíos, es hora de la acción (o eso creíamos) y de mostrar que es un director y no un collage pulp hábil con el celo. Tanto es así que cuando tiene la oportunidad de disparar, Ethan Tarantino reserva su bala, porque no son las escenas la que dan sentido a la obra, sino la obra a las escenas.

Capitulo 2: Sello y destino

Los malditos bastardos, el sello de Tarantino. No bailarán un vals, no compondrán un ópera, no recitarán versos de Rimbaud ni hablarán de Petrarca. Ellos sólo saben aplastar cabezas nazis, arrancar cabelleras y dejar su marca para que se les reconozca y se les tema. A ese tren sube Tarantino mientras el oso judío es jaleado por su horda de compañeros sedientos de sangre. Si sus fans querían bastardos, estos son relegados inmediatamente a un segundo plano, ya que el auténtico festín marca de la casa queda para el orgiástico y revisionista final donde Tarantino demuestra que no sólo es capaz de saltar de género, sino también de universo.

Así se nos sitúa y se cubre rápidamente la expectación creada por el trailer. Hemos caído en la trampa del aparente estatismo, mientras los mecanismos que palpitan en el interior de Malditos Bastardos forjan la poca azarosa arquitectura de una obra tan madura como imperfecta. Tarantino siempre ha sido un capullo… hasta ahora.

Capitulo 3: Arma y azar

La expresión artística siempre está subyugada al vehículo que la transporta, formando una unidad creativa donde la responsabilidad se reparte entre el qué y el cómo. El cine es un arma vestida de rojo gala, no de uniforme. El orgullo de la nación, amante de la propaganda, sometido al hechizo de la superviviente convertida en brazo ejecutor. Así el fallido intento de romance no esconde sino la rueda dentada sobre la que pivota Malditos Bastardos, enfrentando dos maneras de entender cine y mundo completamente distintas: Propagandismo y arte, cine para las tripas y cine para el alma.

De nuevo todo lo que vemos destila más intención que recompensa, y si bien Tarantino jugaba con el azar como motor narrativo, ahora lo casual tiene padre y madre a la greña dispuestos a fastidiar el postre. Por suerte la escena del teatro es tan necesaria que exige existir a base de giros y tramas paralelas que desemboquen siempre en el mismo punto. Las formas le delatan.

Capitulo 4: Traición y reflejo

Apariencias, todo son apariencias. Cada personaje finge un papel, y no hay más verdad que la que refleja tu carta en la frente. Las risas sobre la mesa y las armas bajo ella, apuntando a las pelotas. Las dobles lecturas de cada línea del diálogo y la convivencia del homenaje a todo tipo de cine donde cada elemento debe sentir el cañón en su sien para avanzar en un equilibrio unísono.

El crítico metido a guerrero, la actriz a espía, el nazi a anti-nazis y el padre a verdugo. Todo eso es Tarantino, así como deja de serlo, sometiéndose él mismo a un revisionismo en clave cómica tan arriesgado como el del propio Hitler. Lo que antes fue identidad, ahora son ecos en pro de una artística honestidad.

Capitulo 5: Orgía y desnudo

Y la piedra angular, concebida antes que el resto, ejercicio de estilo y sangre para una celebración tan injustificada como deseada. Las razones se forjan en 4 capítulos con las habituales conexiones que acaban formando un sólido bloque para el festín de un Tarantino desatado que cambia el pincel por la brocha gorda para dar a su público lo que han esperado durante más de dos horas.

El peor Tarantino realiza su mejor film, porque si el autor pide redención e inmunidad al ver la miseria de ser el orgullo de la nación, su reverso le recuerda que lo único que sabe hacer es matar nazis, enfrentando la vulgaridad que mola con la antipática inteligencia, y preguntándose si Malditos Bastardos es su obra maestra. Para un servidor sí.

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