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Protégeme de lo que quiero

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El artículo fue publicado el 4 de enero de 2015. Guardado en Actualidad. Etiquetas: , , .

¿Por qué seguimos confeccionando tops con las películas que más nos han gustado o nos parecen más importantes del año? ¿Y por qué no hacerlo? ¿De dónde nace el impulso para repetir año tras año este ritual clasificatorio cuando decidimos aceptar la invitación de un medio, aunque  sabemos de antemano aquellas películas que van a estar en lo más alto? ¿Quién no intuía que este año 2014 coparían todas las listas Adiós al lenguaje, Jauja o Under the Skin,  incluso mucho antes verlas, de que pasaran por Cannes o que aparecieran en los torrents?

Cada final de año  tenemos solamente un puñado bastante reducido de películas que componen el gusto de una cinefilia (Espectadores, críticos, programadores de festivales, etc.) cada vez más preparada, instruida, profesionalizada y  exigente. La paradoja, una vez más, vuelve a hacer aflorar un problema que parece irresoluble a lo largo del tiempo: O bien los directores confeccionan las películas alrededor de una serie de códigos y de patrones que posibilitan que todas las películas sean evaluadas y miradas más o menos de la misma manera. O por el contrario,  todos aquellos que las miramos manejamos las mismas herramientas para descifrar, analizar y entender las imágenes que las dan forma.

Podríamos pensar en las listas, en estos resúmenes de final de año, como una mera recapitulación, como un intrascendente resumen con el que hacer memoria de un largo año de visionados. Pero creo que es más interesante fijarse en el síntoma, a lo que  se escapa o se puede entrever a partir de ellas  para entender esta cinefilia a todas luces endogámica. En primer lugar me parece que estos top son antes que nada una forma de identidad de clase. Hoy más que nunca, ante la dispersión con que percibimos el mundo que nos rodea, solo se puede sobrevivir como clase, como forma de poder e influencia sobre aquellos que están fuera de la cinefilia, homogenizando la narración de “lo visto”. Sin duda, la cinefilia sabe moldear muy bien cada uno de sus lugares comunes de una manera identitaria. Me parece bastante sintomático que, todavía a día de hoy, por ejemplo,  uno de los temas recurrentes de la cinefilia siga siendo la utilización de esa figura exitosa de los estudios culturales del siglo pasado, como es la identidad de género. No por la disputa al alrededor del género tan maniqueamente usada por la crítica (ya no solo feminista), y siempre tan bien acogida por espectadores y lectores.  Más bien por la utilización de un discurso alrededor del concepto de  identidad, para hacer de él un mensaje subliminal  que intenta  salvaguardar ante todo esa identidad de clase.

El día que la cinefilia pierda su identidad cultural clasista, habrá dado un paso de gigante para entender y ver que ya no puede seguir gozando de una época que ya no existe: la de la representación. Me parece bastante ilustrativo que uno de los incuestionables referentes actuales de la cinefilia sea Georges Didi-Huberman. Entre otras muchas  cosas, por su siempre resultón estudio de la figura, la figuración y lo figural. (Véase, por ejemplo, la reciente edición de Pueblos expuestos, pueblos figurantes). O la utilización de obras maestras de la pintura como elemento comparativo con las imágenes de cine. La época que atravesamos  podría ser definida como la de la presentación. El cuerpo ya no es la figura central de la vida. El disciplinamiento corporal ha dejado paso a la optimización mental.  Los “cuerpos dóciles” han dado paso a las  imágenes que producen, que generan continuamente. Hoy cualquier individuo, por insignificante que pueda parecer, se ha convertido en un nodo que produce, envía, recibe y hace circular una ingente cantidad de información, imágenes e incluso arte, ligadas a su intimidad, así como la de otros individuos con los que aparece conectado.  Las imágenes, que en otro tiempo guardaron una huella de lo real, ahora no son más un mero dato que simplemente circula. Un dato que cuenta. De esta manera, los individuos han perdido su cuerpo glorioso, han devenido transparentes dentro de un espacio devenido a sí mismo en puramente visual saturado. Ya que todos, en cualquier momento, generamos datos para colmarlo definitivamente. Por lo tanto, al mismo tiempo aflora la lucha por ganar una presencia dentro de ese espacio en el que anhelamos ser reconocidos.

Por eso Bird People me parece la película más importante de 2014. Esta historia de un hombre que se refugia en la habitación de un hotel cualquiera de aeropuerto, y una mujer que trabaja en dicho hotel, plantea algunos de los problemas fundamentales de nuestro tiempo sobre la visibilidad humana y la lucha por la conquista de la presencia. Estos dos individuos, tan invisibles para las miradas de aquellos que les rodean como los gorriones que revolotean sobre nuestras cabezas todos los días, luchan por ser vistos, por dejar de ser transparentes. Lo relevante reside en que su lucha no tratan de desempeñarla en lo visual: no persiguen estar siempre presentes en “el presente”. Su presencia trata de aparecer en ese lugar que hemos olvidado, pero donde únicamente se puede dar con una presencia verdadera, aunque de manera transitoria y momentánea: otro rostro humano.

Las demás películas de este top son prescindibles, aunque estén enfrentadas cara a cara con otra.
 

TOP TEN 2014

Bird People (Pascal Ferran) + Hill of freedom (Hong Sang-Soo)
Cábala Canibal (Daniel V. Villamediana + Adiós al lenguaje 2D (Jean-Luc Godard)
The Rover (David Michôd) + Frio en Julio (Jim Mickle)
Interstellar (Christopher Nolan) + The Signal (William Eubank)
Neighbors (Nicholas Stoller) + Hermosa Juventud (Jaime Rosales)

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