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SEFF 2013 (1): Camille Claudel, 1915

…¿Adónde voy? El más sombrío y triste

de los páramos cruza,

valle de eternas nieves y de eternas

melancólicas brumas;

en donde esté una piedra solitaria

sin inscripción alguna,

donde habite el olvido,

allí estará mi tumba.

Los versos de Bécquer y las grotescas pinturas de Goya reflejarían algo de la espesa negrura que habita el olvido de la Camille Claudel de Dumont. Nuestra implicación frente a las imágenes obligan a una mirada forzosa, un sentimiento indicativo de incomoda posesión, de miradas furtivas y focos fuera de campo. Dumont fuerza a mirar los goyescos encuadres de naturalidad extrema, dejándonos solos ante una desnuda subjetividad. Proclive a deshacer distancias a través de numerosos planos a espaldas del objetivo, el desafiante mirar de una cámara en retaguardia, el director sigue lentamente los pasos zombificados de reclusos olvidados de toda civilización.

Desenmascarados los juicios morales no parece importarle a Dumont los confines del derrumbamiento sino el espacio cerrado de una persona en circunstancias inhumanas, lejos del mundo, privada de libertad de acción y voluntad propia. La mujer escultura es robada de sus dones más preciados, la quietud mostrada en las manos temblorosas de una artista olvidada, debemos contemplar al detalle la incomprensión de una mujer con una personalidad tan compleja como los dañados mecanismos de nuestra psicología.

El olvido también habita en las estáticas imágenes de la Binoche, rodadas con el menor movimiento, estas imágenes prestan el rostro de la actriz para que Dumont proyecte sobre ella un vórtice fantasmático, de fijación perpetua por la autenticidad hacia lo sobrenatural, no desde un punto de vista fantástico sino, mucho peor, desde una realidad inmisericorde. Entendamos Camille Claudel bajo una interpretación técnica que fluye en los planos sin necesidad de medir constantemente las pautas narrativas, o buscar razones respecto a una causa específica. Los dos monólogos de la Binoche, transmiten en clarividentes primeros planos, un secreto, un sentimiento, una esperanza cohibida, una llaga abierta que duele al espectador. Sosteniendo la mirada llegamos a entrever la tumba del olvido, las palabras de un hermano de moral restrictiva son suficientes para arrimar la tierra que cubra por completo la existencia de la mujer, de la artista, de la hija, de la madre, de la amante, enterrada para siempre en una tumba olvidada, como lo fueron los gritos de quienes nunca vivieron en plena libertad.

…¿De dónde vengo?… El más horrible y áspero

de los senderos busca;

las huellas de unos pies ensangrentados

sobre la roca dura;

los despojos de un alma hecha jirones

en las zarzas agudas,

te dirán el camino

que conduce a mi cuna.

 

 

 

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