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SEFF 2013 (3): Suiza no era neutral (2)

El lago es un gran ojo tranquilo. El lago
acapara toda la luz y forja un mundo de ella. A
través suyo, el mundo ya está contemplado y
representado. También podría decir: «el mundo
es mi representación suya».

Gaston Bachelard

 

Durante mis años como estudiante de Historia la figura del lago aparecía de forma continua e importante para muchos pueblos, simbolizando la tierra de los muertos, la antigua vida perdida y la oscuridad de otros mundos. El lago y su reflectancia también han contribuido a generar imágenes míticas, como aquella que lo comparaba a un gran ojo líquido y abierto de la tierra, situado al borde del conocimiento, donde todo lo sólido se diluía en un espejo del alma de dos vistas. Frente al lago, contemplando sus aguas, la gente se abandona a los sueños, la imaginación y a la ilusión. De pie, mirando su superficie, nos volvemos hacia lugares remotos de nuestro ser que hacen del lago una entrada simbólica a dimensiones desconocidas de la psique.

El desconocido del lago (L’Inconnu du lac, Alain Guiraudie, 2013)… ¿es Franck o es Michel, o quizá es el escurridizo y apartado Henri? El desconocido del lago son probablemente todos esos hombres que se concentran a orillas de un lago sin nombre durante los días del verano para abandonarse a los encuentros esporádicos y sexuales, a la compañía silenciosa, a las conversaciones. Si bien el comienzo de El desconocido del lago parece adentrarse en la calma y lo placentero de los días veraniegos, esta situación se verá dinamitada. La película mutará, irá ganando en tensión y abordará situaciones típicas del cine negro (Michel es un perfecto hombre fatal, que no duda en seducir y explotar todos sus recursos y atributos físicos para obtener lo que quiere de quién quiere) para acabar en un registro completamente diferente como es el del cine de persecuciones cuchillo en mano. Entre los aspectos interesantes de la película, destaca el escenario donde todo se produce.

Esas idas y venidas de Franck, el protagonista, desde el aparcamiento a la orilla del lago en una sucesión de tomas que se repiten cada uno de los días, variando únicamente en la duración y ordenación. En este encadenamiento de planos existen muy pocas variaciones. Franck llega al aparcamiento con su coche y lo estaciona, se ve como avanza hasta el bosque, después de frente camina en dirección al lago y a continuación llega a la orilla. Son ínfimas las variaciones que se introducen cuando la película avanza. El segundo día Franck ya no es un extraño, es deseado, cuando se introduce en el espacio del lago, los diferentes hombres le observan.

Es una sucesión rítmica de miradas, dura apenas un segundo por hombre hasta que Franck vuelve a ser protagonista y es él y desde su perspectiva desde la que observamos en estos primeros momentos a su amigo Henri. La estructura, el ordenamiento de los planos, vuelve a variar ligeramente después de que Franck ha mantenido su primer contacto sexual, abandona más tarde de lo habitual el lago y se convierte en testigo de un asesinato. A partir de este momento, durante el tercer día, la duración de los planos se acorta, haciendo que el tono psicológico y el ritmo del film varíen y se correspondan también con la intranquilidad que empieza a sufrir el protagonista. Sus encuentros con Michel (el presunto asesino) son apasionados e intensos, pero están provistos de un temor y una extrañeza que debido a los acontecimientos no hacen sino aumentar la excitación. Franck comienza a pasar más tiempo en el lago, los planos pertenecientes a las conversaciones con su amigo Henri se alargan, y aparecen tomas en detalle del coche, la toalla y las zapatillas del hombre desaparecido, como para recordar al protagonista que hay una ausencia.

La película tiene también unas preciosas imágenes de transición entre un día y otro, tanto del lago ya en penumbra como del cielo abierto, y una rítmica especial, una extraña y misteriosa atmósfera que va abriéndose a medida que avanza el metraje. Esa atmósfera va cubriendo el lugar de una tonalidad cada vez más oscura, una oscuridad que se adentra en los personajes poco a poco y acaba inundándoles en la parte álgida y de más tensión del film en una noche totalmente cerrada. Este cambio de color tiene mucho que ver también con el cambio de registro que afecta a la película.

No descarto que Alain Guiraudie haya decidido acercarse a la construcción mental del hombre, y en concreto del hombre homosexual. Ya lo apuntaba Sergi Fabregat cuando desde Cannes comparaba el lago con un estado mental, y cito: “(…) un auténtico espacio mental, un jardín del edén en el que no hay pecado, sólo goce, cariño y paz”. Sergi iba más allá y apuntaba una filiación con la que estoy de acuerdo cuando comparaba los encuentros entre Franck y su amigo Henri con los encuentros que se producían entre los hombres en los Westerns. No parece descabellado atendiendo a varias cuestiones. La primera es lo unidos que están los personajes al escenario geográfico, un escenario que nunca abandonan (aunque lo hagan), y la segunda es esa construcción del relato en base a los mitos. Si en el western era una suma: mito de la mujer, la familia, el hombre; en el desconocido del lago gira en torno a la deconstrucción de uno solo, el del hombre. Ningún género se ha afanado más por construir lo masculino mediante la conquista del paisaje, en el desconocido del lago “lo a conquistar” es el hombre mismo.

El desplazamiento que opera el director es interesante porque ya no es el hombre contra el espacio (western), ni el ser homosexual conquistando lo social, no se ve en ningún momento otro escenario que no sea el lago, y es ahí donde entronca mi pensamiento con el de Sergi. El lago es un espacio totalmente mental donde el hombre homosexual se enfrenta al otro hombre homosexual, no es ya el hombre enfrentado al espacio social. Un espacio social, parece decir Guiraudie, que en el siglo XXI y en el cine ya se encuentra conquistado. No es injustificado el hecho de que el director muestre cómo estas personas se relacionan, incluso en lo más íntimo. Ese momento en el que estás a merced de la otra persona, un desconocido. Esos instantes en los que dejas de ser tú y te conviertes en un extraño que se da al otro. Vencer el temor al desconocido y a ese desconocido que pasas a ser tú cuando estás entregándote, porque los otros (los demás, los de fuera) nos cambian y reconocerse en ese instante (sexual) de pérdida de identidad es aterrador.

Guiraudie se aproxima a los cuerpos sin temor. No existe miedo. Es una aproximación valiente con el uso directo y frontal de la cámara cuando tiene que mostrar eyaculaciones o el sexo oral, pero también cuando tiene que mostrar cómo los personajes se emocionan, lloran, dudan, se confiesan… Lo genuino, lo valiente, y me atrevo a decir que lo revolucionario en el film es cómo el director, partiendo de la construcción imaginaria de lo que es ser homosexual, ha acabando posibilitando la exploración del hecho de ser hombre, logrando para el cine un espacio (ese lago, esta película) donde construir una igualdad emocional no ya para el hombre en concreto homosexual, sino para el hombre.

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