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Showgirls: La feria de la carne

Información

Título original: Showgirls
Director: Paul Verhoeven
Año: 1995
Reparto: Elizabeth Berkley, Kyle MacLachlan, Gina Gershon, Glenn Plummer, Robert Davi, Alan Rachins, Gina Ravera, Rena Riffel

Detalles

El artículo fue publicado el 22 de agosto de 2012. Guardado en Retrospectiva. Etiquetas: , , .

¡Esto es…SODOMA!

De un país que se preocupa más por los goles de Cristiano Ronaldo o por cuántas eurocopas gane nuestra roja, en vez de sopesar la posibilidad de que un desastre financiero y político como el que atravesamos nos pueda dejar (en un abrir y cerrar de ojos) muertos para siempre, no se puede esperar casi nada. Una España de pandereta, pan y circo (es decir fútbol y más que fútbol), la situación económica de más de la mitad de la población activa, los peligros de esa prima tan famosa, o las altas cotas de desempleo de un sistema hundido quizá no sean todavía motivos suficientes como para llegar a concienciarnos.

Lo tengo cada vez más claro: hemos llegado, no solo aquí sino en todo el universo conocido (especialmente el llamado primer mundo), a un grado de desorden, corruptela, perversión y maldad, dignos de las peores Sodoma y Gomorra. No sería extraño (y seguramente hasta justo) que una divinidad castigara sin piedad a una sociedad zombi, enviando una lluvia de fuego y azufre (un hipotético desastre nuclear), para incinerar a unos habitantes momificados, congelados de todo tipo de emociones. Esta nueva Sodoma globalizada acata ordenes de unos gobiernos ambiciosos, capaces de controlar sus sombras con tal de triunfar a cualquier precio.

¿Cuál debe ser ahora la ambición de un tipo/a normal que, con la que está cayendo, pretenda pensar en ser alguien realmente poderoso en la vida? Pues probablemente la de siempre: escalar, alcanzar cimas aun a costa de aplastar a unos pocos por el camino. La misma canción, dudosa y ambigua, del sueño americano.

Sin duda es curioso que en estos momentos las películas que la gran mayoría ha considerado “malas” o “malísimas” sean, en segundos visionados, mucho mejores que esas otras cintas que los catedráticos de la Santa Inquisición de la vieja crítica cinematográfica nos han vendido siempre como “intocables”. No es tolerable (no, no lo es) que tengamos que soportar la mayoría de las veces un mensaje panfletario de un autor de los muchísimos que, aun ni entendiéndose a sí mismo, nos quiera colocar en la frente esas ideas suyas de un hipotético cine inteligente solo apto para intelectuales. El mensaje no solo debe ser, sino que también tiene que parecerlo.

Y en las falsas apariencias es donde hay días que sacamos conclusiones más interesantes de una teóricamente mala película (lo parece pero no tiene por qué serlo), que de una que peca de parecer buena (o al menos eso es lo que creen), sin que necesariamente tenga porque ser así.

Las Vegas: Sin tetas no hay paraíso

La puritana moral americana se apresuró acondenarla y, con ella, el resto del mundo no dudó en otorgarle el titulo de peor película de la década de los noventa. Hablamos de Showgirls (id, Paul Verhoeven, 1995), una clara llamada de atención por parte del director de Instinto Básico (Basic Instinct, 1992) para disparar las hormonas de los amantes de la provocación y el morbo.

Es curioso (y las estadísticas no suelen mentir) como, a pesar de que tanto el grueso de la critica como del público le dieran en su momento la espalda, Showgirls ha mantenido (incluso superado), con el paso de los años, una especie de aureola de cult movie que le ha impedido ser olvidada por completo. Es más, algunas de las mejores películas de ese mismo año han tenido una vejez muchísimo peor que la de Showgirls. Especialmente destinada a sesiones dobles de cines de barrio, estanterías de videoclubs (fue una de las cintas mas vendidas en su momento), y colecciones particulares (casi nadie se privó de comprarla o alquilarla para añadirla a su deuvedeteca), el espectáculo masturbatorio (que tire la primera piedra el adolescente que no se haya corrido del gusto con un solo movimiento de caderas de la despampanante Elizabeth Berkley) que ofrece Verhoeven sin cortes ni censura es, todavía, lo mas parecido a un vodevil eróticofestivo, o mejor aun, a un musical pornográfico. Showgirls es claramente, la colección de tetas más honesta de la historia del cine comercial estadounidense.

¿Por qué en su estreno casi nadie apoyó una obra como esta? No estoy seguro, incluso yo mismo claudiqué entonces hacia un vistazo superficial (desnudos y stripteases), sin tener en cuenta la verdadera intencionalidad del realizador holandés. Lo primero es que quedarnos en la superficie de su premeditado chabacanismo podría ser un error imperdonable, pero darle una importancia elevada o sobredimensionada también seria restarle su impacto como gamberrada sin pretensiones. Lo justo a la hora de evaluar Showgirls es, por encima de todo, alabar su franqueza: promete tetas, culos, y bailes, y da exactamente eso. Nadie debería por tanto llevarse las manos a la cabeza con el atolondrado esquema de guión escrito por Joe Eszterhas (que lastra algunos de los diálogos mas estúpidos dentro del cine de Verhoeven), ni por el abuso y desuso de las escenas de striptease (al fin y al cabo iba sobre eso), ya que hacerlo es como pedirle denominación de origen a un vino de tetra brick. Conclusión, el algodón no engañaba, pero pocos se atrevían a defenderla.

La lectura inicial de Showgirls, y la más adecuada con las intenciones de sus creadores, es verla como una representación oscura sobre el sueño americano. Nomi Malone (cuerpo para el pecado de la exuberante Berkley), es la ingenua chica de provincias que aterriza en Las Vegas con ganas de triunfar a toda costa. La tierra de las oportunidades dice que a base de esfuerzo uno puede realizar sus sueños, y la joven Nomi solo desea ser bailarina profesional. En las distancias cortas, el periplo de Nomi hacia el estrellato no es más que un camino lleno de espinas en donde la sordidez de Las Vegas anula a aquellos que posean el menor síntoma de debilidad. En un mundo de depredadores Nomi tendrá la obligación de ser la mas voraz y salvaje de cuantos tenga a su alrededor. Verhoeven establece por tanto la base de su película en esa falta de escrúpulos de unos personajes miserables, que en ningún momento se arrepienten de sus pecados. Cual Sodoma, Las Vegas del director holandés es decadente, hortera, y remarcadamente chillona, un paraíso del placer y el vicio que ofende al glamour y a la elegancia. En este primer acto es donde el holandés se siente mucho mas cómodo, recreándose junto a su operador de cámara (excelente combinación de colores y uso de la steadycam de Jost Vacano) en los ambientes cerrados de los locales de Las Vegas y el lucimiento corporal de las chicas (contiene números musicales vagamente inspirados en la época del Folies Bergère, pero con un precursor estilo MTV), ahí, se extiende la mala uva y peor leche de un tinglado en donde alcanzar la cima no es factible sin antes haber machacado a tus adversarios, una causa efecto de subir escalones empinados con el miedo de caerte brutalmente de ellos.

El entretenido juego de víboras y la relación lésbica que se establece entre Nomi Y Cristal (morbosa Gina Gershon), hacen de Showgirls un lupanar para voyeurs sin necesidad de mirar por el ojo de la cerradura. Verhoeven lo desnuda casi todo, sin especial miedo por atacar la doble moral hollywoodiense (que reprime el culto al desnudo en el cine cuando irónicamente es el mayor consumidor de porno del planeta), pero desgraciadamente no va a por todas ya que, en su ultimo acto, vuelca las tornas para sermonearnos con una moraleja (un tanto conservadora) poco apropiada con el tono general del largometraje.

Un hecho brutal (que curiosamente le ocurre al único personaje con cierta ética del film), hace ver a Nomi que el precio que ha pagado por el éxito no tiene justificación posible. En esa liquidación de sodomitas Verhoeven le deja vía libre a su protagonista para huir lejos de esa zorrera en donde antes fue parte implicada: Nomi, como Lot, es perdonada, y escapa de su sueño (ha alcanzado la cumbre, pero sus acciones dañan) sin mirar atrás por temor a convertirse en estatua de sal.

Nomi al desnudo.

Está clarísima la declaración de intenciones del cineasta: Verhoeven sacude los instintos más primarios pero no descarta el mensaje tras el desnudo. Su Showgirls es una puesta al día de Eva al desnudo (All about Eve, Joseph L. Mankiewicz, 1950), un remake inconfeso (aunque la verdad es que está lo suficientemente claro como para no ser confesado). La chica falsamente ingenua que saca partido de sus aptitudes para alcanzar la gloria. En la obra maestra de Mankiewicz Eva padece de un descontrolado impulso de poder, en Showgirls Nomi engaña (oculta un pasado que reafirma su supervivencia), seduce, y se deja seducir en pro de una causa mayor: ser la estrella del espectáculo. Ambas son mujeres ambiciosas, que prostituyen su cuerpo y su alma, pero sin embargo la Eva de Mankiewicz es despiadada, llevando a sus últimas consecuencias su carencia de escrúpulos, y la Nomi de Verhoeven es mala solo hasta un cierto punto, puesto que no consiente vender totalmente su alma al diablo.

Esta dicotomía acerca de la prostitución puede verse como una critica de Verhoeven hacia los que le acusaron de venderse al sistema norteamericano, comercializando un cine menos agresivo de lo acostumbrado en su etapa holandesa. Por eso Showgirls es su canto del cisne a lo mundano, al sexo visto desde un prisma autocomplaciente; el sexo es poder, y el poder está en manos de la carne. Para no caer en juicios de valor altamente peligrosos Verhoeven intenta contentar tanto al bando de los mirones como al que pudiera acusarle de misógino: sacia al pajillero en la corrida con ropa de Kyle MacLachlan frente al bailecito privado de la Berkley o en el posterior polvo acuático de la piscina, y escucha de lejos a los incorruptibles en la aplaudida venganza de Nomi ante la monstruosa violación de su mejor amiga.

Discusiones aparte, es absurdo considerar a Verhoeven un autor tendente al machismo (aunque pueda insinuarse cierta misoginia en sus colaboraciones con Eszterhas), pero es peor no darse cuenta de lo peligrosa que puede ser una acusación de tal calibre teniendo bien presente que lo que vemos en Showgirls no denigra en absoluto a la mujer, sino todo lo contrario. Es la ironía con la que juguetea Verhoeven lo que realmente incomoda a los tradicionalistas. Sus chicas venden sus cuerpos a cambio de dinero o éxito pero nadie les obliga a pasar por ello. La diferencia radica en la perversidad con la que una acepta el medio para lograr un fin.

Entender la verdadera naturaleza de algo como Showgirls pasa por aprobar el melodrama desmesurado, casi de vulgar telenovela, en el que la cinta se ubica. Si antes las inverosímiles y dramatizadas historias de Douglas Sirk funcionaban a las mil maravillas no veo la razón por la cual no podamos darle cancha a los entretenidísimos 131 minutos de Showgirls. Una duración larga que nunca decae ni en ritmo, ni en musicalidad, ni, claro está, en provocación. Según palabras del propio Verhoeven la provocación debe estar integrada dentro de un proyecto superior: no es agradable el provocar por provocar, pero sí ir contra la moral, romper los códigos. En esa barroca presentación acerca de lo excitante es donde el “yo” de Verhoeven nunca es traicionado. Sus características principales y las que forman el carácter de su cine son violencia y sexo y, hasta ahora, en ninguna de sus aportaciones ha sentido la obligación de traicionar esa singularidad tan suya. Showgirls sintoniza mejor de lo que creemos con la mirada controvertida que tanto le gusta al de Ámsterdam. A lo mejor su película es macarra, camp, y contracultural, pero es fogosa, caliente, y divertida.

Showgirls abraza un sentido del humor análogo al de Verhoeven, que tuvo los santos cojones de ser la primera persona en recoger en mano un Razzie en la celebración de los popularmente llamados “anti-Oscars” (una edición que se cebo a gusto con Showgirls). Por la misma razón que antes no tuvieron piedad al destrozarla, es hoy lugar y tiempo de reivindicarla justamente porque, sin ánimo de resultar ridículo o parecer estar de cachondeo, Showgirls me parece, dicho con la cabeza bien alta, una película formidable.

 

 

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