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Sitges 2010: Rubber

El cine ha parido infinidad de rarezas durante más de 100 años. Sin ir más lejos en este festival se han podido ver tres piezas experimentales hasta ahora inéditas del realizador español José Val del Omar. Tanto es así que pocas listas de rarezas coincidirían en el primer puesto, ya que de Enterrado podemos pasar a Pink Flamingos, de Eraserhead a Tetsuo, de Hierro 3 a Cache, de Satan´s Tango a Gerry, de Begotten a The Poughkeepsie tapes, de 5 a Canino, etc. Y sin embargo, escuchamos la sinopsis de Rubber[i] y nos despierta una inexplicable curiosidad sobre cómo debe ser un film protagonizado por un neumático.
Hay seres humanos en Rubber, hay diálogo, así como hay un sinsentido tras otro que desde el arranque del film nos dejan muy claro que «esto es un homenaje a todo aquello que no tiene sentido«. A partir de aquí se sucede el despertar de un neumático que poco a poco toma contacto con su entorno y aprende a conocer sus capacidades para, de nuevo sin sentido alguno, dedicarse a arrasar con todo lo que encuentra a su paso. Y aunque suene ridículo y la propia apuesta no se tome en serio, resulta (obviamente) muy difícil dotar a un neumático de expresividad para que el espectador pueda entender sus intenciones y/o motivaciones, añadiendo al conjunto el hecho de que carece de efectos digitales.

Más allá de la vertiente meramente transgresora de Rubber y su comicidad, se añaden varias lecturas que juegan con un espectador diegético que se cuestiona las mismas preguntas que nosotros, y de los que el propio relato hace uso. Puede ser anecdótica o no la crítica al espectador y la ridiculización de ciertos clichés del cine made in usa, pero la escena final deja más que abiertas ese tipo de especulaciones. Porque Rubber busca provocar desde el absurdo, posicionarse como un producto inocente y juguetón para trazar una demoledora parodia del propio cine, donde dentro del film ficción y realidad se dan la mano en busca de una sinergia ambiciosa entre lo experimental, los patrones, la comedia y la metáfora.

Quentin Dupieux
no puede evitar, pese a todo, reincidir en escenas que sólo aportan casquería al conjunto o guiños a la galería, confiando en el entusiasmo incondicional de un público que de no estar a entregado al film habrá desistido del visionado. Así cobran protagonismo el resto de personajes para acabar dejando al neumático protagonista en un segundo plano, acercando Rubber más al Christine de Carpenter que al Gerry de Van Sant. Ahí es donde formalmente pierde fuelle (sin dejar de ser muy divertida), apelando a un cine documental diegético pero con un empaque mucho menos gamberro que el de la primera mitad.

Así se convierte Rubber en una apuesta inteligente, excéntrica, divertida e insolente, que poco espacio deja al aburrimiento gracias a la fuerza de su premisa, demostrando de nuevo que en el cine no está todo inventando. Y pese a unos defectos que la hacen menos redonda que, por ejemplo, Cube, el film de Quentin Dupieux se convierte ya no sólo en uno de los films imprescindibles de este Sitges 2010, sino en unos de los imprescindibles del año. No en vano la buena acogida también en Cannes levanta aún más expectación sobre un film destinado a ser obra de culto, donde la imagen de un neumático danzando de felicidad es de las que quedan marcadas en la retina.

 


[i] Rubber, Quentin Dupieux, 2010.

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