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Sitges 2013 (2): Esbozos sobre el cine tautológico – Fusión

Hoy creo que he soñado que estaba en una gran ciudad, en una de esas avenidas de estilo estadounidense, como la Quinta de Nueva York más o menos, y creo que me encontraba con Nicolás Ruiz, director de esta nuestra revista. Me parece que hablábamos de Sitges, algo que una de estas noches hemos hecho compartiendo una buena cena. El despertador sonaba y me levanto, alarmado, recordando que es tan pronto porque tengo que reservar las entradas de prensa (categoría B) de cara al siguiente día de festival, y no al revés. Si no corres, vuelan. Sitges en el sueño, Sitges en la realidad, Sitges en todas partes. El pueblo virus, la aldea fantasma, casi como aquella Hobbs End de En la boca del miedo (In the Mouth of Madness, John Carpenter, 1995) que sólo aparecía muy de vez en cuando, cuando no se la buscaba; a veces tengo la sensación que, fuera del festival, Sitges no existe.

Viendo Nobody’s Daughter Haewon (Nugu-ui ttal-do anin HaewonHong Sang-soo, 2013), y en general todo el cine de Hong, me sorprende la irrealidad que transmiten todas las imágenes de exterior, los planos de bocacalles, las entradas a un parque, los monumentos históricos, las puertas de bares, los encuadres que se repiten una y otra vez hasta que uno ya duda de si lo que está viendo está realmente filmado o lo está soñando… ¿Me habré quedado dormido viendo la película, estaré escribiendo este texto en sueños? La Haewon del título, una chica alta, esbelta, vivaz y , como siempre en Hong, loca, loca de (des)amor, se nos muestra por primera vez dormida en un restaurante mientras escribe un diario íntimo, y se despierta varias veces en la película pero nunca la vemos dormirse… ¿Cómo podemos afirmar, entonces, que esas imágenes de la chica despertándose no son en realidad de una chica dormida? ¿Podría el film durar 10, 15, 24, 300 horas y que ella no llegara nunca a abrir los ojos? ¿Puede una imagen ser a su vez afirmación y negación, intrínsecamente? En In Another Country (Da-reun na-ra-e-suh, Hong Sang-soo, 2012) esto se resolvía mediante historias consecutivas claramente delimitadas, por lo que el conjunto era demasiado juguetón, muy intelectualizado; no obstante, en Nobody’s Daughter Haewon todo transcurre con una fluidez asombrosa, como si la cámara fuera un pez en el agua, nadando en todas direcciones que se cruzan en engañosas casualidades: el plano del cigarro tirado en el suelo que se repite, casi como un pillow shot de Ozu en clave muñecas rusas, podría bien ser la versión real (¿qué lo es?) de la aparatosa música que los personajes de Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010) usaban para despertarse de sus sueños inducidos y, no obstante, no deja de ser un cigarro en el suelo y nada más, desprovisto de toda grandilocuencia, sin aditivos. Creo que Hong tiene cada vez más adeptos porque el suyo es un cine que nunca renuncia a la complejidad más extrema pero siempre corresponde al espectador definir el grado de dificultad que quiere asumir, y entonces la cinta se disfruta en infinitos niveles. Por ejemplo, Haewon, la protagonista, para algunos será una voluble enamoradiza, para otros una bebedora inestable, para otros una calientapollas y para otros una improbable femme fatale propia del cine de De Palma. O todas a la vez, u otra cosa. Sin ninguna duda, cabe reconocerle a Nobody’s Daughter Haewon un triunfo supremo: ser carne de Sitges 100% contra todo pronóstico; es casi como soñar despierto.

Otro sueño hecho realidad fue disfrutar de nuevo Blind Detective (Man Tam, Johnnie To, 2013), así sin más, acompañado por una de las personas más importantes que me pasarán en la vida, si no la que más. Un film como el último de Johnnie To se disfruta doblemente estando enamorado, igual que uno de Hong estando borracho, dormido o cornudo, puesto que pocas películas me vienen a la mente capaces de aunar en cada uno de sus planos la naturaleza de los amores en un espectro tan amplio: el amor por la mujer, por la comida, por el trabajo, por la verdad, por el dinero, por la alegría… Blind Detective es una película que se ve con una sonrisa en la boca o no se ve. El amor permea sus imágenes de una forma tan radical y a veces salvaje que es inútil intentar reducirla a escenas sueltas o comentarios sobre fenómenos, hay que intentar ir al meollo de la cuestión, más allá: Johnnie To ha hecho una película, una sucesión de imágenes, donde la esencia se conserva en un hombre ciego, privado de la capacidad de percibir imágenes. Los Wachowsky hicieron algo similar con Neo: sólo veía realmente cuando dejaba de ver, el código del mundo sólo se le hacía visible cuando el mundo ya no lo era, lo que nos devuelve a las imágenes que se afirman y niegan a sí mismas. Hay un ejemplo bestial de ello, superlativo, que probablemente no hubiera detectado jamás de no estar enamorado, pues fue justamente mi pareja quien me hizo reparar en ello, lo que nos lleva de nuevo a lo que decía: si no se está enamorado, difícil amar tanto Blind Detective. Hay un momento en el film en el que Johnston, el detective protagonista, está con la agente Ho, su compañera, enfrente de la casa de ésta, y la ‘observa’ mientras ella interpreta las acciones de una niña que desapareció años atrás en ese lugar; según Johnston, si encarnan a la víctima podrán encontrarla. Lo interesante es que mientras Ho hace su performance, Johnston pasea a su alrededor chupando una enorme pata de cangrejo (una de las aficiones mayores del detective es comer, sobretodo marisco). Comentando los momentos memorables del film al salir de la proyección, suelta mi pareja: “Y es genial cuando está el detective chupando la pata de cangrejo mientras piensa, como si fuera una pipa.” En efecto, la imagen es bestial, aúna toda la Historia detectivesca, con Sherlock Holmes a la cabeza, y To la fusiona, la contrapone, a sus insobornables intereses, al yo intransferible de su personaje y él mismo, sus intereses, su estilo. En ese instante, Johnston, el cuerpo que vemos filmado, Andy Lau, es todos los detectives que han existido y al mismo tiempo es él, intrínsecamente él y nadie más, pues nadie sino él podría fumar una pata de cangrejo. En el fondo, ¿qué diferencia hay entre estas dos imágenes?

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