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Sitges 2014 – Capítulo 4: Coreografía

Sergio era una puerta para Oriol, sordomudo de nacimiento. Armado con su libreta no tenía miedo al mundo pero el mundo iba demasiado rápido como comunicarse por escrito, por eso las manos de Oriol siempre eran tan nerviosa al hablar con Sergio, como si estuviera enfadado o nervioso, como al verlos hablar, sin entender la lengua de signos, pareciera una hermosa coreografía.

¿Acaso no es bello tener que mirar a quien te habla para poder entenderle? Entre ellos no existia el refugio de bajar la mirada.

Samuel no los volvió a ver hasta pasados unos años. Seguían juntos pero las cicatrices eran obvias, biografía escrita en la mirada de Oriol, que apenas usaba ya su libreta. Había algo animal en él, como si socializar ya no formara parte de su mundo, como si cargara un incómodo peso invisible para Samuel, como si al hijo de la Luna le llegara la hora de volver a casa.

¿Sabes esa sensación, al ver una película, de que su final está cerca? No hablo de tiempo ni de narrativa, sino de algo físico, de caída libre, es un espacio virtual que Sergio y Oriol ya no habitaban. Oriol contaba con entusiasmo su viaje al ártico y aquella tarde observando una colonia de morsas, pero Sergio no mostraba el mínimo interés en traducirnos lo que Oriol nos quería explicar, como si ya no hablaran el mismo idioma, como si de una edición y no una traducción se tratara. Oriol constantemente le daba palmadas reclamando su mirada para corregirle, con urgencia, como si estuvieran discutiendo y las palabras lo fueran todo. Samuel se preguntaba si actuarían igual sin estar él delante, sin alguien a quien contarle su encuentro con las morsas.

Dos días después Oriol confesó a Sergio que no era sordomudo pero, para entonces, se le habían agotado las palabras, ya no bailaba la misma canción.

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