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Ape with a movie camera

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El artículo fue publicado el 5 de agosto de 2014. Guardado en Actualidad. Etiquetas: , , , .

Antes de empezar a ver Capitán América: El soldado de invierno (Captain America: The Winter Soldier, Anthony Russo & Joe Russo, 2014), Vicente Rodrigo colgó estas líneas en su Facebook:

En un mundo completamente determinista toda la información sobre su estructura se encuentra implícita en las condiciones iniciales. La existencia del tiempo es un misterio. No sirve para nada. No hay nada que necesite realmente “suceder”, pues todo se encuentra ya latente en las leyes y condiciones iniciales. Una primera reacción ante esta tesis es hacer hincapié en las leyes de la naturaleza como algoritmos que predicen el futuro a partir del pasado, pero hemos visto que las leyes son equivalentes a principios de invariancia, es decir, a afirmaciones sobre el hecho de que alguna entidad no cambia. El corsé determinista hace que el tiempo parezca superfluo. Todo lo que vaya a suceder en algún momento se encuentra implícito en el estado inicial. Nuestro estado presente contiene toda la información necesaria para reconstruir el pasado y predecir el futuro. En las inquietantes palabras de Joseph Conrad: “La mente humana es capaz de cualquier cosa, porque todo está en ella, todo el pasado y todo el futuro“.

John D Barrow, “Teorías del todo

 

En el film de los Russo se habla de un artilugio capaz de cruzar todos los datos a su alcance por tal de proyecto un futuro más que probable. Es decir, en la sociedad de la información la certeza es un mero problema de potencia de cálculo, pero todo está ahí, en nuestras narices. Por otro lado los responsables del reboot de El planeta de los simios deben estar al tanto de la teoría del mono infinito, ya que poco casual parece el paralelismo de su César con el Julio César de Shakespeare, obra cuyo autor (según la teoría) es meramente casual, ya que en el lenguaje están escondidas las obras de Shakespeare esperando que la probabilidad encuentre una mano inocente.

Ricardo Adalia, por su lado, hablaba de es deconstrucción de la receta en el proceso y su reformulación como talent show, una oportunidad de que seamos nosotros quienes reescribimos la historia” escribo mientras descargo seleccionadas canciones para un CD para el coche, porque todo está al alcance. ¿Cuándo fue la última que Google os devolvió 0 resultados?

Y quizás en esa accesibilidad recaiga el éxito de estos programas de cocina, donde el mayor aliciente no consiste en empujar al espectador a cocinar (como sí hacía Arguiñano) sino a hacernos sentir que el mero hecho de creernos capaces de emularlos ya supone un logro, es decir, nos acercamos a la gastronomía desde la aplicación del aprendizaje y no desde su emulación, más cerca de quién degusta los platos que desde quien los prepara, pues ese primer paso ya está superado.

Mi pareja se ha comprado una Thermomix, le encanta cocinar.

Quizás todo esto se acerque y mucho al debate interno que tuvimos en Cineuá previamente al Festival de Cannes de este año, donde decidimos abordar la teoría desde la performance, entendiendo que los procesos son caducos porque las herramientas han cambiado y resulta quimérico esa melancolía trasnochada por la que nuestros “padres” siempre serán mejores que nosotros. ¿Acaso Masterchef es peor que los ratos en que nuestros padres cocinaban y decidimos ignorarlos en pos de algo más interesante?

Recientemente topé con un concierto sorpresa en el Trastevere. Había demasiada gente como para ser el habitual espectáculo callejero, así que corrí a Twitter para poder entender que aquello era un acontecimiento. A su vez, Shazam no ha sido capaz de descubrir qué canción grabé en vídeo,  ha sido Youtube quien me ha descubierto que se trata de un tema inédito.

En una era de buscadores la información está al alcance de todos, así como herramientas de síntesis e índices, todo se reduce a la traducción, a reflotar o volver a hacer vigente la información, cual meros traductores convencidos de un hallazgo. Y si asistimos a una democratización informativa ya no podemos pensar que sabemos algo que el lector no sabe, sino que el lector no entiende, ya que la información como herramienta carece de sentido cuando esta ya no tiene dueño, por lo que nuestras herramientas se encuentran mucho más cercanas al montaje que al copy & paste.

Si Google nos ha enseñado a olvidar, convertido en backup absoluto, el Kubrick // One-Point Perspective de Kogonada lleva casi 2 millones de visitas, y yo me pregunto cuántos habrán asimilado ese rasgo del cine de Kubrick a través de su vídeo y no a través de sus películas. Y lo mismo puede decirse de MasterChef como artefacto regurgitador de recetas, como remix de los vídeos de cocina en Youtube, destinado a convertir lo viejo en nuevo casi exclusivamente a través de la presentación con elementos que siempre han estado ahí. Y sin olvidarnos que rara vez una persona mayor aguanta más allá de la mitad del concurso. Quizás todo se reduzca a desandar un camino, a una arqueología inversa o un olvido selectivo, sin nostalgia ni fórmulas, a contagiar procesos y no conocimiento, a mirar más allá de herencias. MasterChef no ha inventado nada pero ¿quién lo hace hoy en día?

Mientras tanto, en un experimento, infinitos monos virtuales siguen tecleando al azar. En dos años han conseguido 24 letras de Enrique IV.

Tengo hambre, pero no sé de qué.

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