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The Rocky Horror Picture Show: Homenajes profanos

Información

Título original: The Rocky Horror Picture Show
Director: Jim Sharman
Año: 1975
Reparto: Susan Sarandon, Tim Curry, Barry Bostwick, Richard O’Brien, Patricia Quinn, Little Nell, Jonathan Adams, Peter Hinwood, Meat Loaf, Charles Gray

Detalles

El artículo fue publicado el 24 de octubre de 2012. Guardado en Retrospectiva. Etiquetas: , , .

En 1975 se estrenó una de las películas más flasheras de la historia del cine. Dirigida por Jim Sharman, The Rocky Horror Picture Show se convirtió inmediatamente en un film de culto. Desde su irrupción, la obra de Sharman –basada en el musical homónimo de Richard O’Brien– no paró de reestrenarse y exhibirse en los cines del mundo. Rocky Horror podría pensarse como un objeto cultural destinado únicamente a minorías sensibles y leales seguidores film. Pero la distancia con la sociedad de consumo no supone que se trata sólo de una película para un pequeño grupo ilustrado y cool, sino que la inmensa popularidad que adquirió fue creciendo y aumentando con el paso del tiempo. Rocky Horror logró despertar amores, odios y fieles entre el público. No hay más que ver cómo la resistencia que ofrece Rocky Horror fue asimilada por la sociedad de consumo, cuando en el quinto episodio de la segunda temporada de la serie televisiva Glee (id., Ryan Murphy, Brad Falchuk, Ian Brennan, 2009), se homenajea la obra de Sharman y O’Brien con el musical The Rocky Horror Glee Show. Lo popular y lo culto, lo alto y lo bajo se imbrican de forma tan compleja que vuelven a la película de Sharman fundamental y apoteósica.

El musical homenajea –y al mismo tiempo parodia– a los productos culturales producidos por la compañía cinematográfica RKO. En la canción que abre el film, Science Fiction/Double Feature, se mencionan películas que inauguraron el género de ciencia ficción y de terror como The day the earth stood still (Ultimátum a la tierra, Robert Wise, 1951), The invisible man (El hombre invisible, James Whale, 1933), Doctor X (íd., Michael Curtiz, 1932), entre otras. Las referencias de la película se proponen evocar un pasado cinematográfico exitoso y popular: lo que se rememora apela siempre a productos culturales, films y figuras icónicas de la sociedad de consumo. Rocky Horror tiene como referente paródico todo aquello que se recuerda con nostalgia, sin dejar de intervenir e interferir sobre estas mismas películas: se trata de un homenaje que profana y corroe el recuerdo de los productos culturales cinematográficos que hicieron su aparición entre la década del treinta y los cincuenta. Tanto las canciones como la interpretación de los actores –y más que nada la actuación loca de Tim Curry, en la piel de un doctor travesti que da vida a Rocky, un Frankestein moderno–, apelan a estos géneros menores –el terror y la ciencia ficción– para crear un film que se postula como una superación de los productos que referencia: la nostalgia, así, está totalmente ausente. Sharman utiliza estas películas conscientemente para parodiarlas sin que exista o medie el sentimentalismo y la emoción. De ahí que Rocky Horror propone una superioridad intelectual con las pelis del pasado. El homenaje no se realiza con respeto y veneración, sino con una distancia que pretender rescatar y valorar la superficie y el estilo –los géneros, la ambientación, la utilización del musical, el uso de un narrador que va hilando una historia inexistente– en detrimento del contenido.

Es imposible negar el gusto camp que promueve Rocky Horror por el artificio y la exageración, tal y como definió Sontag lo camp: “Todos los objetos y las personas camp contienen una parte considerable de artificio (…) Lo camp es una concepción del mundo en términos de estilo, pero de un tipo particular de estilo. Es el amor a lo exagerado, lo <<off>>, el ser impropio de las cosas[1]”. Pero si la teórica estadounidense prefiere destacar el aspecto “sólo aparentemente malicioso, cínico” y subrayar el “sentimiento tierno” de lo camp, la película de Sharman contesta con la burla y la ironía de los elementos que, para Sontag, no deberían recordarse más que con amor y cariño. No debe extrañar que los personajes no sean más que simples caricaturas sin desarrollo ni profundidad que reproducen estereotipos: los rasgos de la sociedad de consumo están exacerbados hasta el punto de producir una sátira que excede a la de los géneros menores y se extiende a las convenciones culturales y normativas de occidente.

Una vez afuera las normas y convenciones sociales, la orientación sexual que reproduce la película está siempre lista para ubicarse a un costado de la ley. Los personajes de Brad, Rocky y el profesor Scott son travestidos por el Dr. Frank y aparecen en la pantalla con portaligas y lencería femenina. Janet no sólo es infiel con Rocky e interpreta un número musical alusivo, “Touch-a, touch-a, touch me”, sino que también consiente una relación sexual prohibida con el travesti del film. Si para Sontag “el sello de lo camp es el espíritu de extravagancia”, The Rocky Horror Picture Show lleva esta afirmación hasta el paroxismo: la artificialidad domina en todas y cada una de las escenas y la extravagancia es un elemento esencial. Una asociación más que obvia es relacionar Rocky horror con lo queer. Como dice Bolívar Echeverría, “los queers harían su anuncio en medio de la ‘naturalidad’ o ‘normalidad’ dominante en la que vivimos que es, por el contrario, el reino de lo heterosexual (…) Seres como ‘de otro planeta’, los queers serían precisamente tales, porque pretendiéndose ‘naturales’ aunque ‘de otra manera’ (…) son sin embargo rechazados[2]”. Rocky Horror no alegoriza ni se propone como una metáfora de la sociedad consumista, sino que es combativa políticamente y satiriza a esta misma sociedad desde la literalidad: apenas hace su aparición en la pantalla, el Dr. Frank canta Sweet transvestite: “I’m just a sweet transvestite / from Transexual, Transylvania / why dont’cha stay for the night”. Tanto Frank como todos los habitantes de la mansión pertenecen a otro mundo, una población lejana al planeta tierra y que mantienen costumbres extrañas que se contraponen a las de Brad y Janet. De hecho, una vez dentro de la mansión, Janet le dice a su esposo: “but it seems so unhealthy here”, y Brad le contesta, ante la insistencia de Janet por abandonar el lugar: “they’re probably foreigners with ways different from our own”. Lo queer no es un símbolo solapado que puede vislumbrarse a través de metáforas sino que comprende una filiación consciente y directa a los postulados de esta teoría. Siguiendo el razonamiento de Echeverría, la artificialidad queer puede asociarse con lo barroco, a pesar de que encuentra conexiones más estrechas con el manierismo. Existen elementos barrocos en lo queer por “su predilección por aquello que en lo humano hay de ‘artificial’, por encima de lo que en él puede haber de natural”. La estética campy, por lo tanto, de Rocky Horror ensalza los atributos queers y barrocos gracias a la artificialidad que recorrer la peli de Sharman. Sontag  había notado lúcidamente el carácter teatral, el artificio, la exageración y la frivolidad que definen a una obra camp. Sin embargo, no llegó a observar que lo camp –y también lo campy– van más allá de la mera representación de un estilo determinado: Rocky Horror cuestiona los valores tradicionales de la cultura desde el interior de la sociedad de consumo a partir de la mirada estereotipada heterosexista para proponer el libertinaje y la carnavalización de las relaciones. Así, Brad y Janet dan un giro hacia el final de la película. “I feel sexy”, canta Brad vestido con portaligas; “I feel released”, dice Janet arriba de un escenario, en ropa interior y sosteniendo una boa entre sus manos.

 

 


[1] SONTAG, S. “Notas sobre lo ‘camp’”, en Contra la interpretación y otros ensayos. Barcelona, Ed. Seix Barral, 1984.
[2] ECHEVERRÍA, B. “Queer,manierista, bizarre”, publicado en Debate Feminista, Nr.16,1997.

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