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The Zero Theorem: Nuestra apertura y vía de escape al Zinemaldi

La secuencia inicial de The Zero Theorem (íd., Terry Gilliam, 2013) es un ojo divino, una cámara omnisciente operada por Dios. La distancia creada al evitar el efecto de identificación y lo repetitivo del discurso hacen que todo el primer acto de la película se soporte gracias al sonido, los colores y la composición del cuadro. Gilliam introduce al espectador en la atmósfera, no por medio de los planos subjetivos de la mirada, ni del deseo, sino apelando a un sentimiento primario y visceral.

“We are euphoria finance. We want to provide you E U P H O R I A”

Un solo visionado no permite abarcar toda la complejidad referencial que la película propone y por la que se ve desbordada.

Frente a Brazil (íd., Terry Gilliam, 1985) que es una distopía clásica, esplendor de las ruinas futuras como crítica a una sociedad cuyos valores morales se han perdido, esta película gira en torno al YO. Si bien ambas conservan una estética bizarra y futurista, en la primera confluían toques modernistas de los cincuenta, mientras que en esta nueva obra la imagen superviviente, el imaginario, remite al clasicismo y a la religión.

SI NO QUERÍAS NEW AGE, dos tazas.

La memoria, piedra angular de las películas del director, huella inherente del ser humano como en 12 monos (Twelve Monkeys, Terry Gilliam, 1995), se transforma en accesorio prescindible. Los personajes solo están condicionados por el presente. Ni recuerdan, ni existe un determinismo sociológico clásico  ( PADRES/ESCUELA/EDUCACION ). El problema no será nunca más de dónde venimos.

+ Dices que no crees en nada PERO crees en el alma

-Eso es una PARADOJA, soy joven, todavía puedo creer en lo que quiera.

Desde Blade Runner (Blade Runner, Ridley Scott, 1982), y pese a la falta evidente de exteriores en esta película, no se ha conseguido una estética más coherente. La puesta en escena se reduce a dos concepciones inversas. Una exterior, planos cerrados, cámaras a ras de suelo y a la altura de los ojos, predominio del escorzo; y la segunda, una mirada abstracta, que asciende en planos generales de manera  artificial, y forzadamente en escenarios como la playa, el horizonte o en la representación del Caos.

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El protagonista es un ermitaño, un hombre de fe, un antihéroe al margen del sistema, un desesperado que solo busca la aniquilación de su YO renunciando a todo placer, en aras de conseguir una respuesta vital que dé sentido a su existencia. Manipulado por su jefe más inmediato, por la dirección de su compañía y por su propia psiquiatra, es un hombre que vive angustiado, escindido (habla incluso en primera persona del plural, manipulando el lenguaje para salvarse de la sociedad, lo que contrasta con las neo-lenguas orwellianas).

La dirección personificada en un solo hombre que encarna el capital, la productividad y el maniqueísmo exacerbado, poseedor de todas las respuestas y detonante de la condena o de la salvación. Toda la película es atravesada por un relato mesiánico donde su hijo ( management´ son) , ser de luz, maestro del HOMBRE (Qohen Leth), somatiza lokamente y se sacrifica.

Relatos mesiánicos en sci-fi tropemiles.

El personaje femenino, Bainsley, bascula entre la puta y la virgen, y aparece encasillado por los escenarios que transita. Si bien se muestra reticente al contacto físico, no quiere ser penetrada, siempre aparece extremadamente sexualizada. Posee incluso una página web de realidad virtual, a través de la que el protagonista llega a intimar con ella, recordándonos inevitablemente al argumento de la belga Tomás está enamorado (Thomas est amoureux, Pierre Paul Renders, 2000).

Estos instantes y escenarios son presentados como una posible vía de escape que el protagonista acaba despreciando y colocando en el lado de las apariencias del mundo. Como esta obra es una y mil películas, entroncamos con la vertiente del cine negro, en el que la femme fatale encarna los miedos y deseos del hombre, un alter-ego pasional que en esta película nunca debe vencer.

La caída al vacío del hombre es también la caída del mundo que ha estado habitando. Quizá sería más apropiado decir parasitando, pero ni eso, porque en realidad, ha sido una extraño que ha vivido enajenado. Su incertidumbre solo cesa cuando decide ser uno con el mundo (o también dejar de serlo porque no sabremos si es condenado o redimido) lanzarse a la nada, dejarse engullir y despertar en SU respuesta, en un plano superior de existencia. La secuencia final remite al mito prometeico, en el que los mortales se confunden con los dioses. Él, el elegido, el iluminado, jugando con el sol.

VAMOS A JUGAR CON EL SOL TODOS LOS DÍAS SON DÍÍÍÍAS DE FIESSSSSSSSSSTA!!!!!!

 

 

 

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