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To The Wonder: Neomontaje

Información

Título original: To The Wonder
Director: Terrence Malick
Año: 2012
Reparto: Ben Affleck, Olga Kurylenko, Rachel McAdams, Javier Bardem, Tatiana Chiline, Charles Baker, Romina Mondello

Detalles

El artículo fue publicado el 26 de junio de 2013. Guardado en Actualidad. Etiquetas: , , , , , , .

“El más grande de los últimos acontecimientos- que DIOS ha Muerto,
que la fe en el dios cristiano se ha hecho INCREIBLE.”

Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra

La muerte de Dios decía Nietzsche. Exponemos tal afirmación porque seguramente Terrence Malick metaforiza, especialmente en sus dos últimas obras, la esencialidad de que tanto el dios que buscamos como el autor que pretende reivindicarse (mediante el radicalismo de las formas), ponen en duda esa fe hacia ellos mismos y ocultan la muerte en la dispar disolución material de lo que creíamos legítimo.

Una película de lo residual.

El cine ha muerto en Malick, siendo una nueva búsqueda, una nueva analítica trascendental, una nueva obsesión, la que lo engrandece en otros terrenos artísticos libres y puros no necesariamente vinculados a lo cinematográfico.

En To The Wonder Malick se autoparodia, se autocita, se masturba, yo yo yo yo pero YO es todo. Terrence Malick es cine. Un cine que conquista la naturaleza, dios y el amor.

To The Wonder NO es tanto la película que vemos sino la que sentimos cuando acaba. NO tenemos una linealidad específica para ubicar las sensaciones puesto que el lienzo está en blanco, y necesitamos un sobresfuerzo para aprehender de las reglas antropocéntricas del nuevo Malick. La mujer es el centro ABSOLUTO del que parte la materia gris del norteamericano; en ella (el personaje de Olga Kurylenko), los procesos ministeriales del amor bifurcan las salidas al universo, ella es pues la tierra (el geo) por la cual giramos.

Terrence Malick terrorista que atenta contra la política de autor. Terrence Malick operando como un dios en la sala de montaje. Terrence Malick asesinando el guión, la evolución psicológica de los personajes, anulando el drama.

La madre, esa aurora de la que nacía la vida a través del personaje de Chastain en la preliminar y fenomenológica El árbol de la vida (The Tree Of Life, 2010), da paso aquí al amor sensitivo, un despertar de emociones platónicas. El enigma de un amor incomprensible a la razón como lo es también la fe en ese dios que no vemos, que no tenemos delante.

Imágenes contra lo inevitable intentando alargar lo efímero prolongando el amor, y el miedo a la desaparición del amor en cada destello de luz.

Kurylenko (Marina) absorbe toda esa tesis improvisada del Malick autor, exactamente igual que Chastain en El árbol de la vida. Las mujeres interpretan los silencios del método inductivo de un realizador caprichoso con los azares y la gestualidad improvisada. La Marina de Malick acopla las teorías platónicas del demiurgo. Según Platón este mundo ha sido creado por el demiurgo. Lo que ha hecho es actuar sobre una materia informe y caótica que existía desde siempre, y sacarla de su estado de confusión y desorden para llevarla a un estado de orden, convencido de que este estado era mejor que aquel primitivo CAOS en el que se encontraba. Marina es el demiurgo que busca reordenar el caos buscando la esencia vital del AMOR completo, sintiendo el orden del enamoramiento en todas sus facetas: MADRE, ESPOSA, AMANTE. Este cosmos organizado que, si es imperfecto, no lo es por voluntad del Demiurgo, sino porque la materia es esencialmente limitada y cambiante (el amor sobre el que diserta el cineasta), y no tiene la capacidad para recibir perfecciones más que en un grado limitado. La frase final de Marina dándole las gracias a ese amor que nos ama, y la voluntad retornable- ¿No es preciso que eternamente retornemos?, manifestaba Nietzsche– del plano del monte de Saint-Michel (la génesis del amor con el personaje de Ben Affleck), desembocan en el plano final congelado, bellísimo, del punto de no retorno con una memoria fragmentada.

«Quizás piensas que además de mentiroso soy demasiado poético pero los dioses que aman, al mismo tiempo odian.»

Pier Paolo Pasolini, Medea

Terrence Malick feat. Terrence Malick.

La luz del amor

Si separaran veinte años El árbol de la vida de To the wonder como lo hicieron entre si Días del cielo con La delgada línea roja, seguramente las voces serían menos hirientes, habría un mayor respeto distanciador por la obra de Malick, al que muchos no perdonan la radicalidad del cine en el que inevitablemente ha entrado para siempre. El díptico de vida, amor y fe, que simbolizan estas dos películas son el bucle que marca la nueva senda neologista de un pensador de imágenes y sensaciones más que la de un director de cine. Lo que antes era poesía, ahora lo llaman pretenciosidad redundante, pero es evidente que la reflexión continuista con las ideas anteriores es total y absoluta, porque Malick no ha perdido el norte, sino que ha centralizado una vistosa forma de poesía fragmentaria, tal cual los recuerdos, tal e igual que las vetas de un cine muerto, y resucitado. Entiendo que algunos detractores vean en ello algo sin sentido, empachados de la mística publicitaria, pero la pretenciosidad del director es sin duda una militancia (muy noble por cierto) de darse la importancia que realmente merece. Una controversia de la que solo unos cuantos pueden presumir.

Terrence Malick deconstruye su material filmado buscando una poética del Mundo.

En cuanto vemos la atención que Malick presta a las herramientas procedimentales de este (otro) tipo de cine,  latimos a través de los impulsos y rapsodias visuales de una creación sinfónica especialmente rica en participación. La condición sine qua non es querer entender que To the wonder es una prolongación de la obsesión malickiana por los grandes temas de la vida. Los monólogos interiores y las voces en off son la palabra (apenas diálogos) que utiliza el director de Malas Tierras (Badlands, 1973) para esparcir unas meras pautas narrativas, y digo meras entendiendo que deben ser mínimas para que la historia la vayamos construyendo según las sensaciones y los silencios, sin una narración encadenada, ni siquiera una trama concreta.

To The Wonder es constante flujo de momentos congelados, ritmo, susurros, fragmentos.

Acata a la conciencia no ante el determinismo de una existencia real sino abstracta, panteísta, luminosa. Busca la grandiosidad, la maravilla, aturde la catarata digresiva de los planos luminosos (esa puta luz del maestro Emmanuel Lubezki), la apariencia del pre diseño, el grafismo de la simbología, y si sois de esos que no aguantan las películas abiertas, eternamente descubiertas al dialogo post visionado, ni lo intenten, cabrear al espectador no debería ser la principal intención de la visión totalitarista (yo hago lo que me sale de las pelotas) de Malick. Desde Malas tierras a To the wonder, la historia quiere reinterpretar la conciencia, y por primera vez en su carrera el de Illinois rueda en el presente. Lo que hace ver los designios significativos de una sociedad abandonada a su suerte. Que tiene que reinventarse.

El propósito eterno a través de imágenes eternas y evocadoras.

“Por naturaleza lo hermoso se aísla de todo. De belleza ningún camino conducen a la realidad”.

Un videoclip que no es solo forma, que desde su forma intenta a traspasar hacia lo trascendental, un elogio del amor que está en tu flujo sanguíneo, en lo que ves en lo que tocas, lo que respiras, una colisión de átomos que sucede delante de tus ojos UN RAYO VERDE, una carrera, maratón, una montaña que escalas sin pensar en su altura.

Hannah Arendt

Sabemos de sobras que a Malick le molan las teorizaciones de Heidegger, su filósofo de cabecera desde el instituto. Por eso a la hora de abordar la complejidad del amor en un sentido metafísico, no vendría mal recordar aquellas cartas de amor que Heidegger escribió durante muchísimos años a Hannah Arendt, la persona a la que amó en mayor profundidad en toda su vida. Ocurrió en la Universidad de Marburgo durante las clases que impartió Heidegger en un seminario de Platón. ÉL, reputado profesor, militante nazi, y comulgante de algunas de las ideas hitlerianas, ELLA, judía, poseía una mente inquieta de alumna aventajada que la llevaría a escribir interesantísimos estudios sobre los orígenes del totalitarismo, así como análisis políticos de la condición humana. La educación católica de Heidegger converge con las dudas religiosas de Malick (aquí versadas en el cura con crisis de fe interpretado por Javier Bardem), y las cartas compiladas de este con Hannah son un testimonio universal entre dos pensadores muy influyentes en el siglo XX y en la obra cinematográfica de Malick. El vínculo de amor que traspasó ideologías y barreras sociales (Heidegger estaba casado), puede, y esto es una interpretación particular, ser una de las muchísimas bases esclarecedoras de las que parte To the wonder hacia ese grado de maravilla ontológica, o grandeza audiovisual, a la que aspira. Sea amor, sea espiritualidad, sea la reproducción del escarabajo verde, sean las preguntas que sean, Malick no las responde, deja el espacio, el hueco, para que transpiremos por la(s) piel(es) de su (no tan) nuevo mundo (To The Malick).

“Hay un amor que es como un riachuelo, que se seca cuando la lluvia ya no lo alimenta. Pero hay un amor, que es como un manantial proveniente de la tierra. El primero es amor humano. El segundo es amor divino, y su fuente es de los cielos”.

«En cada punto hacia el que miras está escondido un dios. Y si no está, ha dejado la huella de su presencia sagrada: o silencio, u olor a hierba, o frescura de aguas dulces… Sí, todo es santo.»

Eurípides, Medea

Tengo la sensación de que To The Wonder es un discurso presente en todas las películas de Terrence Malick:

“¿qué significa esta guerra en el corazón de la naturaleza?”

«Oh alma mía, déjame entrar en ti, mira a través de mis ojos, contempla las cosas que creaste, mira como brillan. Tal vez todos los hombres poseamos una sola alma, de la cual todos formamos parte, todos los rostros son el mismo hombre, un único ser.”

– «Ven, espíritu. Ayúdanos a cantar la historia de nuestra tierra. Eres nuestra madre; y nosotros, tu campo de maíz. Nos elevamos desde tu alma.»

«Algún día caerás y llorarás, entonces por fin lo entenderás. Todo.»

 

 

 

 

 

 

 

 

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