Cineuá - Tu revista de cine

Tú y yo: Tú + yo

Información

Título original: Io e te
Director: Bernardo Bertolucci
Año: 2012
Reparto: Tea Falco, Jacopo Olmo Antinori, Sonia Bergamasco, Veronica Lazar, Tommaso Ragno, Pippo Delbono, Francesca De Martini

Detalles

El artículo fue publicado el 18 de julio de 2013. Guardado en Actualidad. Etiquetas: , , , .

Llevo varias noches teniendo un extraño sueño circular, tampoco me atrevería a llamarlo pesadilla, pero me está empezando a obsesionar más de la cuenta. Aprovechando la oportunidad de poder escribirte he decido confesarme y esperar que tengas a bien responder a mis preguntas.

Amiga Déborah, en el sueño me encuentro encerrado en un cuarto, a un lado hay una pequeña ventana por la que cuesta entrever luz, es demasiado reducida, y eso impide respirar con comodidad, me asfixio, cada segundo que pasa noto más la presión del microespacio, que empieza a acapararlo todo, dejando que las paredes se contraigan frente a mí. Entonces en un acto reflejo intento gritar con todas mis fuerzas, pero nadie me oye, grito, grito, hasta que enmudezco jadeante por el sobreesfuerzo. Al instante, mientras intento recuperar el aliento, escucho otro grito atronador que parece venir del exterior, nervioso, encajonado en mi propio cautiverio, logro asomar un ojo, no más del minúsculo espacio de la ventana, y afuera, en medio de una calle desierta, vislumbro una triste figura. Cuando alcanzo a tomar contacto visual con el cuerpo, este bruscamente calla, y al mirarme asustado me doy cuenta de que se trata de mí mismo, mi yo de afuera, grita al yo de adentro, y entonces, despierto.

 

Tengo muy claro que el sueño, más allá de los parecidos con el mito de la caverna, tiene mucho que ver con la obsesión seminal hacia el cine de Bernardo Bertolucci. Estoy aislado, atrapado en una experiencia asfixiante, igual que en las películas del director italiano, solo que ahora mi sueño, no es menos que una representación obsesiva de lo que hemos visto en sus películas. Será que al demonizar mediante dislates reproductores las escenas de Soñadores (The Dreamers, 2003), o El último tango en París (Ultimo tango a Parigi, 1972) he tenido la osadía de verme en uno de aquellos apartamentos, incomunicado con el exterior, por tanto, creando realidades alternativas en una isla humanoide de bajas pasiones, al mismo tiempo que afuera, se están dando acontecimientos sociales de vital importancia. Yo, como los tres jóvenes cinéfilos de Soñadores, como el Brando de El Último tango en París, como los Lorenzo y Olivia de Tú y Yo (Io e Te, 2012) acuartelado en aras de una revolución personal.

 

Ahora bien, y esta es la principal pregunta que quería hacerte, ¿Crees que la revolución contra uno mismo es la forma más pura de libertad?

En Tú y Yo, Bertolucci vuelve sobre sus pasos, antes, por ejemplo en Novecento (id, 1976), las revoluciones humanas derogaban en un exorcismo peligroso donde los ideales se desvanecían entre brumas de desencanto. Veo como Novecento empezaba en los albores de un cambio, y terminaba con la desazón de los ideales perdidos, en parte suponía el fin de las ideologías del siglo XX. Ahora, en su última película, Bertolucci, explora las nuevas juventudes contemporáneas, fijando las ideas del individualismo en los ojos de un adolescente. Lorenzo ofuscado con el mundo que le ha tocado vivir, lame las heridas de una libertad social, que en gran medida debe ser la de uno mismo. Déborah, dime, ¿en verdad Lorenzo es la semilla de un nuevo mundo ruborizado ante las desilusiones sociales?

Las tribulaciones de un chico resentido con el presente suelen percutir en torcidos discursos de atosigamiento conductual, ahora bien, por suerte para nosotros, la naturalidad, o naturalismo de Tú y Yo, apela únicamente a lo puro, a los comportamientos lógicos de un muchacho de 14 años. La verticalidad inicial de Bertolucci en los contrapicados (la parte del exterior), incurre en los rostros como única fuente de expresión visual (el rostro acneico de Lorenzo, la cercana desintoxicación (física) de Olivia), anteponiendo lo cercano a lo lejano. Y en las intimas lejanías del principio la música sirve de aislante social para la desconexión con el mundo: Lorenzo escuchando el Boys don´t cry de The Cure a la salida del psicólogo (correspondencias musicales que arropan la idea central de un acuartelamiento personal), a todo volumen con los Red Hot Chili Peppers, tanto al salir de clase, como saltando en la cama del sótano (feliz en la soledad). Déborah, igual que Lorenzo, ¿no usamos a veces (o siempre), la música a modo de burbuja emocional? ¿Es la música otra gran forma de revolución?

 

Me parece todavía si cabe más hermoso revertir esa burbuja musical de Lorenzo, en una liberadora propulsión emocional que poco a poco va unificando a los dos (casi) hermanos (hijos de un mismo padre, igual que Alfredo y Olmo en Novecento), dentro de un vínculo mayor, que en un momento determinado (la escena del baile al son del Space Oditty de Bowie), irrumpe en sensacional proceso de entendimiento. La rareza sonora de un Bowie cantado en italiano (ragazzo solo, ragazza sola) propaga a una velocidad vertiginosa, la dulce metáfora de un muro a punto de resquebrajarse (I AM THE WALL), romper la barrera del amor, y revolucionar (con música), el aislamiento de los hermanos. ¿Sabes?, si Tú y Yo suena a música, tendría que ser la cara B de un disco en donde la A sería Soñadores.

Tengo otra considerable duda, el Bertolucci de ahora, enfermo, imposibilitado en una silla de ruedas, invierte la mirada oscura a la que nos tenía acostumbrado por la que sin duda es su obra más optimista. Incluso rueda, su primer y verdadero final feliz (el plano congelado de la sonrisa de Lorenzo), en una película no exenta de melancolía, y amargura, pero objeto encuadrado de esperanza. ¿Un Bertolucci herido, saliendo del hoyo depresivo de sus experiencias, abogando por el optimismo de un futuro menos destructivo? ¿O simplemente un alto en el camino antes de irrumpir otra vez en el dolor extremo de la opresión? ¿Una revolución por otra revolución?

 

Para terminar, y perdona si en algún momento no he sabido transmitirte un punto de vista concreto, lo sexual, lo provocativo, tiene un protagonismo absoluto en el cine de Bertolucci. No puedo quitarme de la cabeza aquella escena de Novecento en donde una prostituta masturbaba a los protagonistas (veíamos de repente algo inaudito en el cine comercial de la época, dos pollas erectas juntas, que encima eran las de dos estrellas del calibre de De Niro y Depardieu), o la escena de la penetración anal de Brando con  Maria Schneider en El último tango, o el incesto y juegos sexuales de iniciación en Soñadores. Sin embargo, en Tú y Yo ninguna referencia sexual (EXPLÍCITA), al menos en primer plano. No hay desnudos, ni escenas sexuales, pero ni por esas, Bertolucci pierde fuerza sexual. No lo entiendo, pero percibo, quizás por la aplastante sensualidad de Tea Falco, por la entelequia corporal de penetrar las emociones primitivas, por lo que sea, que Tu y Yo es, en el retiro, en la revolución individual, la película más sexual, y libre, que haya podido traernos Bertolucci.

¿Cuáles son tus impresiones acerca de Tú y Yo, Déborah, y sobretodo, cuál es tu revolución?

Con amor (HETERO) TEJERO.

 

 

 

Pude ver Tú y yo (Io e te, Bernardo Bertolucci, 2012) en el pasado festival de San Sebastián, y en aquel momento me gustó muchísimo. Ahora mismo pienso que terminar así el festival fue una liberación porque dudé muchísimo aquel Septiembre. Los festivales son como túneles del tiempo, te sacuden, te golpean y te succionan la energía. Durante unos días vives en una realidad paralela y Tú y yo fue la mejor manera de volver. He vuelto a ver la película hace unos días para responderte y mis impresiones son tan emocionadas como entonces. Empiezas tu carta relatándome un sueño recurrente, creo que parte de la filmografía de Bertolucci trata exactamente de eso, de despertar del sueño, de traspasar nuestros mundos de ficciones, de romper el muro, de derribar la pantalla. Dejando a un lado las lecturas políticas que puedan tener las películas del director italiano, al menos por ahora, creo que las últimas cintas nos muestran un director decidido a recuperar a sus personajes para el mundo.

 

Observando las películas de Bertolucci que citas por ejemplo, la descomunal Novecento (íd., 1976), Soñadores (The Dreamers, 2003), El último Tango en Paris (Ultimo tango a Parigi, 1972),  El conformista (Il conformista, 1970), o  Tú y yo (Io e Te, 2012) lo que sobresale en ellas es una serie personajes que viven aislados en su realidad. En El conformista la arquitectura del film ascendía vertical como las ideologías, y en Novecento, en esa enorme película en la que se recogían algunos de los momentos más importantes de la Historia de Italia y por ende de Europa, lo verdaderamente importante sucedía en las camas. La lucha de clases, David, finalizaba cuando la prostituta masturbaba las pollas de Olmo y Alfredo al mismo tiempo. Ese gesto. Algo parecido sucede en Soñadores, Bertolucci encerraba a tres jóvenes en un piso de dimensiones desconocidas, y los aislaba, dejando al descubierto alguno de los temas preferidos del autor: la iniciación en el sexo, el incesto, el arte, la muerte… mientras en las calles están explosionando el descontento y las protestas…para Michael para Theo para Isabel, la revolución es siempre cosa de otro mundo, aparecía siempre a través de pantallas, en la calle mientras se besan apoyados en un escaparate, en los televisores, o cuando una piedra rompía el cristal de la ventana de la casa donde habían estado viviendo o fingiendo vivir en ese límite de lo civilizado y lo animal que emborrona el tabú. Prisioneros del mundo discutiendo el cine, bebiendo vino, alejados de todo, hablando de la REVOLUCIÓN, un poco como nosotros ahora, al amparo de nuestras pantallas. La revolución de Theo que es un personaje burgués, acomodado, es una caricatura, el levantamiento del hijo contra el padre.

 

No quiero dejar de señalar como han ido evolucionando los espacios en los que se mueven los protagonistas, el director ha ido reduciendo las dimensiones de los lugares en los que sucede la acción. De transcurrir en diferentes países de Europa, a Italia, a apartamentos, habitaciones y finalmente a un solo espacio, un sótano.  En Tú y yo el protagonista Lorenzo es un adolescente introvertido que se refugia en sus canciones y en sus fantasías, y que decide aislarse del mundo durante toda una semana en el camarote que tiene en el bloque donde vive con su madre. Cuando digo aislarse lo digo con cierto complejo, David, porque en ese aislamiento voluntario al que se somete, hay un reflejo incomodo de cómo vivimos… huir en las canciones, huir de nuestra propia familia, de nuestros amigos… ¿se puede decir que nos aislamos si nos aislamos con multitud de dispositivos que son ventanas al mundo? El mundo y uno solo. El Lorenzo que describe la primera parte de Tú y yo parece estar en total concordancia con nuestro tiempo/mundo. Un mundo en el que a pesar de la intercomunicación, globalización y vinculación extrema que se vende, sigue siendo algo que conquistar, y el instrumento para hacerlo no es tecnológico, no joder, me niego. Me niego a esa revolución de las ficciones, me niego a la revolución de la aprehensión, a la ilusión de la posesión de la tierra sin pisarla sin sentirla sin estar en ella. Y sobre todo,  me niego a la conquista en soledad. David me preguntabas qué era la revolución o cuál era mi revolución, y no sé si voy a decir una burrada pero la revolución  para mí es una cuestión de distancia, de alcance, de tirar una piedra y que no caiga en el vacío. De impacto. De choque. De cuerpos. La revolución si existe debe estar al alcance de las manos, debe ser algo tangible algo que podemos estar tocando y de lo que no somos conscientes.

 

Por eso creo que  Bertolucci en un alarde de coherencia humana ha ido reduciendo los espacios. Las burbujas acaban estallando. La propia mansión de Novecento era una especie de capsula, un espacio donde lo viejo seguía existiendo, resistiendo a desaparecer  (la Historia de Italia se reduce a esto). Bertolucci no solo reduce el espacio y aísla a sus personajes, los hace funcionar como auténticos autómatas, eso se ve muy bien en Tú y yo cuando Lorenzo en el sótano de la casa comienza a moverse entre algunos objetos que hay volcados por el suelo, y repite una y otra vez el mismo recorrido, evocando una escena anterior de la misma película en la que un tapir se movía así por su jaula. Lorenzo es un animal enjaulado y no se da cuenta (quizá lo somos todos) hasta que irrumpe Olivia. El personaje de Tea Falco me recuerda mucho a Matthew en Soñadores, como él, ella es el elemento extraño que invade y cuestiona la forma en la qué Lorenzo está ocupando el espacio, el mundo. Decías que Tú y yo podría ser la cara B de Soñadores, estoy de acuerdo. Y aunque los contextos en los que se enmarcan ambas películas son totalmente distintos, Soñadores transcurre durante Mayo del 68, y Tú y yo es una película como diría algún antiguo profesor mío, de el mundo actual, en ambas el tiempo histórico es una ficción más, sobre todo en Soñadores, donde es otra canción en la que refugiarse. Pero vamos a olvidarnos de que Theo Isabel y Lorenzo lo tienen todo, que tienen todas sus necesidades cubiertas que son hijos de burgueses, jugando a la revolución de los burgueses, vamos a olvidarnos de que para hacer la revolución, o al menos la revolución que hemos conocido hasta hace bien poco, había que estar pasando mucho hambre, mucho frío y mucha desesperación, porque no nos vamos a engañar, la revolución era cosa de seres humanos que casi habían dejado de serlo.

Muerto Dios, muerta la utopía de las ideologías, muerta la utopía social, muerto el NOSOTROS, Bertolucci se vuelve hacia la carne del rostro adolescente con cierta esperanza, dejando atrás, no sé si momentáneamente o de manera definitiva, la puta melancolía. Con esto quiero decir, David, que en ambas películas (no en ambas, en todas las películas de Bertolucci que mencionamos aquí), lo que parece imponerse a todo lo demás, recuerda el final de ambas películas, es el salir a la calle.

 

Me preguntabas cuál era la forma más pura de libertad. No hace falta que te recuerde el miedo que tengo a decir algunas cosas, pero creo que la libertad está tremendamente unida al espacio en el que ésta se ejerce y creo que, ateniéndome a esto, el único espacio en el que podemos ejercer nuestra libertad de manera más pura es sobre nosotros mismos, sobre nuestro cuerpo, sobre lo que con él somos capaces (y otra vez la palabra) de alcanzar (y sí, digo materialmente), y ese me temo es un espacio muy pequeño. La libertad que ejercemos en el cuerpo del otro es amor o es violencia, y de ahí que la manera en la que Olivia y Lorenzo se relacionan pase del más puro acto violento a bailar, como animales enjaulados. Si para mí el gesto más político de Novecento era a la vez el más sexual, en Tú y yo el gesto es ese abrazo bailado, ese abrazo que te hace sentir tu singularidad al contacto con el abrazo del otro, ese abrazo que saca a Lorenzo a la calle y le da la clave. David, no sé qué mundo es este en el que salir a la calle para unirse a la revolución devino en salir a la calle para experimentar lo que es el estar realmente en el mundo, para volver a formar parte de él. Sabes, de todo lo que sucedió con los Indignados y el 15-M, con las primaveras árabes, de todo aquello lo que más me fascinó es que tantos jóvenes y no tan jóvenes se echaran a las calles, al otro. Supongo que porque por encima de todo, incluso de mí, sí sigo creyendo en ese OTRO, ese tú que te permite reconocerte y revolucionar, ese que te da ganas de ser partícipe del tiempo del mundo.

David, es momento de dejar la capsula si te atreves.

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