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Up in the air: alienación 2.0

Información

Título original: Up in the air
Director: Jason Reitman
Año: 2009
Reparto: George Clooney, Vera Farmiga, Anna Kendrick, Jason Bateman, Tamala Jones, J.K. Simmons, Danny McBride, Chris Lowell, Zach Galifianakis, Steve Eastin

Detalles

El artículo fue publicado el 24 de enero de 2011. Guardado en Calidoscopio. Etiquetas: , , , .

Ahora que no sólo hemos entrado en un nuevo año sino en una nueva década ya con todas las de la ley (al margen de discusiones sobre el cómputo válido o no de un hipotético “año cero”), la habitual selección de lo mejor del pasado año (pretensión innata de los comunicadores, y especialmente los de áreas culturales) debería ir uno o dos pasos más allá e intentar destacar qué títulos, en nuestro caso cinematográficos, representarán dentro de pocos años, de manera más exacta y más sincera, lo que ha supuesto (y supondrá) en la historia de la humanidad esta primera década del nuevo milenio, caracterizada por una revolución tecnológica sin igual, que ha permitido una incontestable aceleración de los procesos de globalización, para lo bueno (puedo difundir este artículo a millones de personas en todo el mundo sin formar parte de un medio de masas) y para lo malo. Lo malo es precisamente el otro gran elemento distintivo de este alocado decenio, esa profunda y desesperanzadora crisis financiera que incluso empieza a tambalear nuestros cimientos morales, tanto a nivel individual como social.

Y si existe una película que recoja y ejemplifique con mayor o menor sutileza todos estos aspectos, de lo general a lo particular, de lo directo a lo metafórico, esta no sería otra que Up in the air (íd., Jason Reitman, 2009), sin duda uno de los mejores títulos del pasado año (y de la pasada década), la gran olvidada por los circuitos de premios y recibida de manera demasiado tibia por la crítica “oficial” y el público masivo, que pese a una entusiasta acogida inicial y un efectivo cumplimiento de las expectativas, parece haberla borrado de su memoria a la hora de hacer inventario a final de año, omitiendo incomprensiblemente el importante legado que seguirá vigente en los años venideros. Al mismo tiempo, dejan de lado lo que debería ser el doctorado cum laude para Jason Reitman, que en apenas cinco años se ha consagrado como uno de los mayores cineastas contemporáneos, y que esta vez da de lleno el clavo, ofreciéndonos la película más oportuna para el momento que estamos viviendo. Up in the air es sin duda la obra maestra del cine de la crisis, una crisis a la que hasta ahora el cine industrial de ficción sólo se había enfrentado transversalmente.

Esta crisis que caracteriza el final de la primera década del nuevo milenio, y da paso a afrontar los siguientes diez años con cautela y escepticismo. Pero precisamente estos momentos difíciles (que algunos ya equiparan a la Gran Depresión) surge un sentimiento de fraternidad, de colectivismo, el “juntos, podemos” entre los seres humanos afectados en mayor o menor medida por este fenómeno. Y mientras tanto, a muchos otros ya no es sólo que sólo les afecte la crisis, sino que además que hacen su agosto del ahogamiento, la desesperación y el desasosiego del trabajador que se ve con el agua al cuello de la noche a la mañana, que se intuye incapaz de sostener proyectos levantados en una breve bonanza económica que se las prometía muy felices. Estos auténticos mercenarios de la era contemporánea, cuyo principal intangible es la entereza suficiente como para no inmutarse y mantenerse frío ante las miserias ajenas, ante la época sombría que se encargan de anunciar, más o menos maquillada, en cada nuevo despido. A todos estos los impregna una profunda banalidad, una brutal carencia de valores, una conciencia envasada al vacío.

De todo ello se deriva esa alienación tan característica de la sociedad contemporánea, la  que afecta a los nómadas deluxe, esos que transcurren la mayoría de su tiempo vital entre hoteles de cinco estrellas, millas aéreas en business class y controles aeroportuarios. El colmo de esa nueva especie lo encontramos en el protagonista, que se llena de pánico ante el peligro que corre su vida nómada, y su posible condena a quedarse en un lugar estable, un hogar, una patria, que no existe. Su miedo a la libertad para ser feliz, la negación a echar raíces, hace del aire su hábitat natural, y así su estela personal no debe ocupar más de lo que quepa en una maleta de mano, auténtica metáfora de la pequeñez existencial del mundo contemporáneo.

Estamos ante la ficción más representativa sociológicamente del s. XXI, de la sociedad digital globalizada, en que la veloz evolución tecnológica ha implicado en muchos casos una involución moral y humanística. Podemos distinguir fácilmente, disueltos en el argumento, la era del simulacro, de la farsa, de las falsas experiencias, así como la crisis de la aldea global, que llevaba mucho tiempo amenazando con explotar. Por otro lado, existe otra crisis, la del personaje-estereotipo de George Clooney, hipertexto del yuppie elegante, mujeriego y sin aparentes preocupaciones, que bajo la máscara de la sonrisa anclada esconde la gran incapacidad para encontrar la felicidad auténtica. Más en el nivel psicológico, destaca la doble cara del rechazo a la estabilidad, tradicionalmente un gran valor que últimamente muchos interpretan como algo rancio, anodino y monótono, y ya no sólo los más jóvenes. Mientras que para Ryan Bingham (Clooney) funciona como irrevocable principio de existencia, para Alex Goran (Vera Farmiga) es una manera cínica de escapar a ratos de una cotidianidad que en realidad adora con gran fervor.

Un gran guión en el que Jason Reitman, respaldado por Sheldon Turner, combina el espíritu independiente con la implícita intención sociológica, un soberbio Clooney, quizás en el mejor papel de su carrera, secundado por unas igualmente excelentes Vera Farmiga y la “crepuscular” Anna Kendrick, toda una sorpresa, hacen de Up in the air una joya sumamente reveladora (y también algo balsámica) a cuyo revisionado recurriremos sin duda en años venideros. Reitman transciende su condición de promesa y alcanza su madurez como autor y como artesano en tiempo récord, y de seguro que sus próximos proyectos serán fijos en nuestras agendas. ¿Cómo pudo salir semejante genio de un director tan palomitero como Ivan Reitman?

 


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