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Venezia 71 (III): Expulsados

Están habiendo muchos suicidios (cinematográficos) en esta edicion de Festival de Venecia. Con el paso de los días esas temáticas recurrentes van cobrando forma y dando su sentido al festival, y si bien hubo un amago de que se convirtiera en el festival de los actores fracasados y la crítica a la industria, parece que finalmente se eleva un paso más para hablarnos de suicidio, o no exactamente eso sino de cómo nuestra sociedad se ha convertido en un generador de basura, de insatisfacción, de gente que no tiene cabida ni dentro ni fuera del sistema.

Pongamos el caso de Near death experience (Benoît Delépine & Gustave de Kervern, 2014), donde Michel Houellebecq interpreta a un hombre que abandona a su familia para irse al campo a quitarse la vida. Tras reflexionar sobre la vida y buscar emociones fuertes acaba por darse cuenta que el hombre moderno no está hecho para volver a la naturaleza. Es decir, de nada sirve avanzar ni retroceder porque estamos atrapados y eso sólo tiene una escapatoria.

Los personajes de Heaven Knows What, lo nuevo de Ben y Josh Safdie, viven también en su propia rueda suicida. Basado en un relato de Arielle Holmes y protagonizada por ella misma nos hará un recorrido por un grupo de yonkis neoyorquinos, a la manera de Larry Clark en The Smell of Us (2014) con una mirada limpia, observándolos en sus márgenes, atrapados. De hecho, esa transparencia es la clave del film porque, más allá de su empaque, hay demasiados temas tratados con absoluta superficialidad simplemente porque incomodan.

De hecho un compañero me comentaba tras ver una de las películas presentadas que seguramente no debía quedar clase media en Gran Bretaña, ya que todas sus películas giran sobre una pobreza casi extrema o una opulencia máxima, a lo que le he respondido que nos educamos en función de lo que vemos en el cine, así que es normal que ya nadie quiera ser clase media en Gran Bretaña porque no sabrán qué leches es, a la manera en que el niño protagonista de la turca Sivas quiere ser el príncipe de Blancanieves.

De hecho me pregunto si un film de rabiosa actualidad como es 99 Homes (Ramin Bahrani, 2014) quedará obsoleto en unos años, tratando el tema de los desahucios como lo hace. Es decir, tras las crisis el tema de los deshaucios dejará de ser un drama con cobertura mediática, y con ello dejará de existir, por lo que ¿volveremos a comprar pisos a lo loco o habremos aprendido algo? En todo caso el film de Bahrani retrata esa sociedad cuyo drama traspasa el desahucio y supone una condena de por vida, una suerte de outsiders que ni representan los ganadores ni los currantes, sino los que viven en guetos marginales, la auténtica clase media actual: los que se encuentran entre las deudas y la mendicidad.

Con otro tema de actualidad se atreve Hungry Hearts, el brillante film de Saverio Costanzo, un psicodrama con tintes de comedia donde una madre vegana se obsesionará con alimentar correctamente a su hijo hasta el punto de poner en peligro su vida. O al menos eso parece ya que el posicionamiento claro es pensar que la madre es la loca y la medicina moderna el Santo Grial, pero en su desarrollo el equipo neurótico lo forman marido y suegra de recién estrenada madre, siendo sus argumentos absolutamente sólidos de cara a desmentir lo que los médicos entienden como un desarrollo anormal del bebé. Queda claro, así, que si el veganismo es una opción (que no comparto), llegado el momento es el sistema quien puede aplastarlo, por lo que la coexistencia es una gran mentira y la madre protagonista un simple enfermo mental. Y en ese hábil tratamiento de los personajes así como sus idas y venidas genéricas se encuentra la magia de un film a tener muy en cuenta, no sea que también se quede fuera de todo circuito cinematográfico.

De la protagonista de Nymphomaniac os podría decir lo mismo, me guardo el acercamiento al director´s cut de la obra de Von Trier para otra crónica, ya que prioridad merece el nuevo film de Fatih Akin, The Cut, ese desastre mayúsculo sobre el genocidio armenio. En ella nos muestra el viaje de Nazaret en busca de sus hijas gemelas a través del conflicto y los años, mostrando esos grises donde todos acaban siendo sospechosos si no son claras sus banderas e intenciones, lo terriblemente cobardes que somos todos. Más allá de eso, el film es un making of de una disaster movie cuyo película real será el que sería su making of habitual, un cambio de tornas que no le vendría nada mal.

Y volviendo al principio, a esa línea que separa la exclusión del suicidio, en cuatro de los cinco films que os he comentado hay suicidios, bien sea tradicionales, tentativos o “inflingidos”, a los que sumar otros tantos en films no reseñados en esta crónica. Quizás eso es el fin del mundo, quizás debamos volver a El incidente (The Happening, M. Night Shyamalan, 2008), quizás tenemos las señales en nuestras narices y, a su vez, la determinación de prepetrar el Apocalipsis.

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