Algunas notas sobre las imágenes que tomé la última vez que estuve enfermo

1.
Hay sólo cuatro formas en que las partículas del Universo interaccionan. Son las llamadas interacciones fundamentales que reúnen los cuatro tipos de campos cuánticos. Todos los movimientos de las cosas en el Universo, sus relaciones y conexiones, son causa de una de estas fuerzas o de su combinación. La imagen del universo –podríamos decir- está definida únicamente por cuatro fuerzas. Son:

-Interacción gravitatoria.
-Interacción electromagnética.
-Interacción nuclear débil.
-Interacción nuclear fuerte.

Gran parte del esfuerzo de la ciencia contemporánea tiene que ver con la unificación de las cuatro interacciones fundamentales en una sola. Es lo que se llama la Teoría del Todo o teoría de la Gran Unificación. Esta teoría tendría que ser capaz de unir en una sola las cuatro fuerzas, es decir todos los fenómenos de la naturaleza. Su aparición acabaría con el carácter disperso, deslavazado de la realidad física. La Teoría del Todo reduciría la complejidad de las teorías actuales. Tendría que ser capaz de atar grandes misterios científicos como el Big Bang o las singularidades espaciotemporales.

Como todo el proyecto intelectual de Occidente desde hace muchos siglos, la obsesión por una Teoría del Todo se fundamenta en la creencia platónica de que la realidad última del Universo es simple, y la imagen compleja que recibimos de él no es más que un engaño. En resumen: se trataría de encontrar una única teoría que pueda explicar la “imagen” completa del Universo.

2.
Algo muy gordo tiene que pasar para que mi película favorita de este año no sea Results, de Andrew Bujalski. El chamán de la nueva ficción parece confirmar lo que apuntaban sus dos anteriores obras maestras (Beeswax y sobre todo Computer Chess): que el cine de nuestro tiempo ya no puede ser más un cine de gestos de autor. Que el cine de nuestro tiempo debe ser un cine de resultados.

El cine moderno a partir de los años 60 y hasta nuestros días puede resumirse en una sola idea: mostrar la voluntad de quien dirige. Expresar superficialmente sus intenciones. Queremos que los gestos del director dejen claro lo que pretendía cuando hizo la película. Es la voluntad del autor lo que debe hacerse explícito a través de las imágenes. De algún modo, lo que nos interesa no es el momento del visionado, sino el momento de la realización. Como decía Sontag a propósito de la pintura, el cine ha dejado de ser cine y se ha convertido en un comentario filmado sobre cine.

Este hecho ha llegado hasta el extremo en que los espectadores contemporáneos podemos enfrentarnos a una obra y tacharla de buena o mala no a partir de sus imágenes, sino a partir de lo que suponemos que el autor pensaba cuando las hizo. Podemos, por ejemplo, ver una película de estilo frio y brutal, que cuenta una historia terrible y es despiadada con sus personajes y afirmar, a pesar de todo, que su mensaje está en el lado opuesto al de sus imágenes, porque lo que el autor quiere hacer es una crítica al hombre europeo. Y al revés: la Modernidad del cine fue capaz de condenar al ostracismo a un director (Gillo Pontecorvo) por el pecado de un único plano (el famoso travelling de su película Kapò). A pesar de que su película quería ser una condena al nazismo, la forma de ese plano parecía contener razones suficientes para pensar que su autor estaba tratando el tema de manera superficial.

La intención es aquello que el autor quiere decir cuando propone una imagen. El cine moderno se basa en dejar claras estas intenciones: en imprimirlas constantemente en sus imágenes. Nos interesa lo que quieren decir incluso más que lo que dicen. Toda imagen –dice la teoría cahierista del cine- es política. Y por tanto: toda imagen es la expresión de una voluntad.
Lo contrario de las intenciones son los resultados. Los resultados son lo que queda detrás de las intenciones, una vez que han sido consumadas. Como en ciencia, la máxima expresión de un resultado pasa por la superación de las intenciones. Alcanzado el resultado, nuevas intenciones deberían reemplazar las anteriores. Si hay algo importante en el cine debe estar en su potencia. No en lo que las imágenes pueden decir de sí mismas, sino en lo que pueden prometer.

3.
Tengo treinta y ocho y medio de fiebre, pero esta noche en sueños me he visto correr superrápido. La fiebre lo hace todo más raro, más real.

4.
La gente que se apunta a un gimnasio no lo hace para disfrutar del proceso de hacer ejercicio. Lo que quieren es ver resultados. La mayoría daríamos lo que fuera por no tener que sufrir el largo entrenamiento de meses o incluso años que permite alcanzar la imagen deseada para uno mismo.

De hecho el proceso no es UN proceso. Aunque nos empeñemos en ver en la imagen final de cualquier deportista el resultado de un único esfuerzo vital, hay toda una serie de factores de división y sistematización de ejercicios, de ciclos semanales y mensuales, de descansos y series, de alimentación, por no hablar de la genética. Una imagen de gimnasio contiene detrás la cesión a todo un universo de esfuerzos.

5.
La relación con las imágenes del autodenominado Estado Islámico da cuenta de un cambio absoluto de paradigma a lo largo del último siglo.

El gran evento de la imagen del siglo XX es el exterminio judío. No existe ninguna imagen tan potente como la de Auschwitz, un agujero negro donde todas las demás fracasan. La expresión última de la brutalidad humana, una brutalidad confirmada a lo largo de los siglos pero concebida esta vez de acuerdo con la principal característica de la Época Contemporánea: la escala global.

Pero Auschwitz es una imagen definitiva precisamente por su carácter insidioso. Porque no muestra, no se recrea en la violencia que contiene sino que oculta, mantiene en secreto la barbarie. Ninguna imagen sale del campo. Su propiedad es la eficacia, no hay espectáculo. Hasta el último momento, en el gesto desesperado de las Marchas de la muerte se observa la voluntad nazi por mantener en secreto lo que están haciendo.

Los videos volcados en Internet por el Estado Islámico operan en el sentido contrario: magnifican la violencia, sustituyen la eficacia por el espectáculo. De hecho desaparece la sistematización de los métodos de asesinato, que era esencial en Auschwitz. El Estado Islámico parece estar buscando nuevas formas de matar, cada una más impresionante que la anterior. Se asimila además la forma de la filmación y el montaje con cada una de las muertes. Parece repetirse a toda velocidad el proceso por el que el espectador de cine se ha ido acostumbrando a formas cada vez más radicales de representación, y aparece la necesidad de superar las anteriores. De hacer películas más espectaculares, más enrevesadas.
Lo que en Auschwitz sobrecoge por la ocultación, en el Estado Islámico sobrecoge por la claridad con que se expone.

6.
Desde su título, me impresiona la obsesión de Results por eliminar la expresión de la voluntad del autor en sus imágenes. Su obsesión por no querer decir cosas y centrarse en dar lugar a un aparato generativo, una máquina cinematográfica. Es prácticamente imposible saber lo que la película quiere decir, lo que significa.

La característica fundamental de una máquina es transformar energía o realizar un trabajo con un fin externo a ella misma. Su porqué no está en su propia existencia, en sus intenciones, sino que avanza en su trabajo hacia la producción de otra u otras existencias. Sirve para obtener resultados. Lo importante de una máquina no es lo que pueda decir de sí misma, sino ese resultado que produce. Lo que importa de un motor no es su propia configuración, sino el movimiento del coche que se deriva de su funcionamiento.

Ya en sus primeras películas, Bujalski quiso huir de la modernidad cahierista, y junto con algunos compañeros de generación se refugió en uno de los grandes misterios de la historia del cine. Uno de los pocos directores que fueron capaces de evitar plenamente la representación de unas intenciones en su cine, logrando que sus películas parecieran verdaderos objetos mágicos, inexplicables: John Cassavettes. Si décadas más tarde sigue siendo tan difícil enfrentarse al cine de Cassavettes, es porque sus películas nunca dejan aflorar una política, una intención, sino que funcionan como extrañas máquinas de imágenes cuyo resultado final es un flujo indefinible, una corriente, un movimiento, la promesa de algo que sólo puede alcanzarse a través del cine. Máquinas porque no importa lo que puedan decir de ellas mismas, sino su resultado.

7.
Recuerdo que en la presentación de una serie de sus películas, Claudio Caldini citó a un director americano (¿Ken Jacobs?) que decía que el cine experimental no debería llamarse así, porque lo que se muestra no es el experimento sino el resultado. Debería llamarse cine de resultados.

8.
Otra gran obsesión del Estado Islámico es la destrucción de imágenes. La destrucción de estatuas, de piezas de museo y de templos de civilizaciones antiguas que representan una amenaza a su visión religiosa. En este caso, parecen haber dado con otro punto débil del Occidente contemporáneo: la obsesión con la conservación. La pérdida de patrimonio nos sobrecoge como si estuviera desapareciendo una parte de nosotros. En la Historia está todo lo que somos –pensamos.

El hombre contemporáneo se ha refugiado en la Historia. Parece otorgarle una importancia extrema. Es como si de alguna forma estuviéramos construyendo nuestra propia Teoría del Todo: Si somos capaces de reconstruir ese extraño puzle que es el pasado, nuestro presente estará a salvo. Se trata de alcanzar el origen para, de algún modo, alcanzar el destino.

Todas las imágenes a lo largo de la Historia quieren reducirse a dos: la imagen al principio de los tiempos y la imagen al final de los tiempos. Creación y Apocalipsis.

El mito de Auschwitz quiso convertir el campo de concentración en la imagen al final de los tiempos (“la poesía es imposible después de Auschwitz”).

Lo que el Estado Islámico quiere conseguir al destruir el pasado, es generar un nuevo origen. Quiere ser una nueva imagen del principio de los tiempos.

9.
Results cuenta la historia de amor entre el director de un gimnasio y una de sus monitoras, y la historia de un cliente millonario y depresivo. El gimnasio se llama Power 4 life. El 4 del nombre viene, según el director, de las cuatro divisiones que que debe tener un entrenamiento: físico, mental, emocional y espiritual.

Kevin Corrigan, el cliente millonario del gimnasio Power 4 life, come pizza y no parece esforzarse mucho por ponerse en forma. Sus entrenamientos son de lo más absurdo. Sin embargo, ve en bucle el video promocional de Youtube donde el dueño del gimnasio explica la filosofía de los cuatro elementos del entrenamiento. Una música motivadora acompaña la imagen de una serie de clientes que se dirigen a la cámara para contar lo contentos que están con los resultados del entrenamiento. Todo el mundo sonríe. El millonario parece intentar comprender un video que no tiene nada de profundo. Es sólo una promesa que sabe que no va cumplirse.

Hay algo terrible, bellísimo en el cine de Bujalski. La aceptación de que las imágenes no son asimilables a conceptos, a ideas. Las imágenes son contenedores de promesas, no de conclusiones. Como en el cine de Cassavettes, nada en sus películas significa nada. Por eso es prácticamente imposible aproximarlas con grandes ideas. Estan en el lado opuesto de la Modernidad cahierista, que quiso hacer de la historia del cine un grandísimo, único proyecto. Una Teoría del Todo.

10.
Nos obsesiona la Historia, queremos entender las causas y efectos que hilan el relato del pasado y su conclusión: la imagen del presente. Exigimos al presente que se explique, que nos diga por qué es así, cuáles son sus intenciones. No estamos preparados para aceptar que el presente (igual que las imágenes) no significa nada. Lo único que contiene son promesas, y eso se certifica en su constante actualización hacia el futuro. Es, sencillamente, un resultado.

Vicente Monroy